Las Reglas de Brasilia, acceso a la justicia y protección de las personas en condición de vulnerabilidad
El acceso a la justicia constituye uno de los pilares fundamentales del Estado democrático de Derecho, no basta con que los ordenamientos jurídicos reconozcan derechos si las personas encuentran obstáculos para hacerlos valer ante las instituciones encargadas de impartir justicia, esta problemática adquiere una dimensión especial cuando se trata de personas que, debido a determinadas circunstancias personales, sociales, económicas o culturales, enfrentan mayores dificultades para acceder efectivamente a los tribunales y mecanismos de protección de sus derechos.
Las Reglas de Brasilia representan un instrumento fundamental para comprender que el acceso a la justicia no puede limitarse a la posibilidad formal de acudir ante un órgano jurisdiccional, el verdadero acceso a la justicia exige que las personas puedan comprender los procedimientos, participar efectivamente en ellos, recibir asistencia adecuada y obtener una respuesta pronta, imparcial y efectiva.
Durante mucho tiempo, el acceso a la justicia fue entendido principalmente como la posibilidad de acudir ante un tribunal; sin embargo, desde una perspectiva contemporánea de derechos humanos, esta concepción resulta insuficiente dado que el acceso a la justicia comprende la posibilidad real y efectiva de obtener protección judicial frente a la vulneración de un derecho.
Una persona puede tener reconocido constitucionalmente un derecho y, sin embargo, encontrarse materialmente imposibilitada para ejercerlo si desconoce los mecanismos para reclamarlo, carece de recursos económicos para contratar representación jurídica, enfrenta barreras lingüísticas o culturales, tiene una discapacidad que dificulta su comunicación o vive en condiciones de exclusión social.
Las Reglas de Brasilia parten del reconocimiento de que determinadas personas pueden encontrarse en una situación de mayor vulnerabilidad para ejercer sus derechos ante el sistema de justicia. Esta vulnerabilidad puede estar relacionada con factores como la edad, discapacidad, pertenencia a comunidades indígenas, género, condición económica, migración, desplazamiento, privación de libertad, entre otras circunstancias.
Uno de los grandes aportes de las Reglas de Brasilia consiste en fortalecer una visión de igualdad sustantiva derivado de que la igualdad formal supone que todas las personas deben recibir el mismo trato ante la ley. Sin embargo, cuando existen desigualdades reales, aplicar exactamente las mismas reglas puede producir resultados injustos.
Por ejemplo, una persona con discapacidad visual no requiere exactamente las mismas condiciones que una persona que puede leer un documento impreso. Una persona indígena que no domina el español no se encuentra en igualdad de condiciones frente a un procedimiento judicial si no cuenta con interpretación adecuada.
Las Reglas de Brasilia nos recuerdan que detrás de cada expediente existe una persona; detrás de cada procedimiento existe una historia; y detrás de cada derecho existe una dignidad que el Estado tiene la obligación de proteger.
La justicia, para ser verdadera, debe ser accesible, comprensible, incluyente y sensible a las condiciones de quienes más obstáculos enfrentan para hacer valer sus derechos.
En este sentido, las Reglas de Brasilia no representan únicamente recomendaciones dirigidas a los operadores jurídicos. Constituyen una invitación a transformar la cultura institucional: pasar de una justicia formal a una justicia efectiva; de una justicia distante a una justicia cercana; y de una justicia que simplemente recibe demandas a una justicia que garantiza derechos.
TODOS LOS DERECHOS PARA TODAS LAS PERSONAS.
*Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Zacatecas (CDHEZ)
