Reforma con D, de Democracia (II)
“El lenguaje no es solo un instrumento del comunicar, sino también del pensar, y el pensar no necesita el ver”: Giovanni Sartori
Durante el siglo XIX (19) diferentes autores escribieron sobre la representación proporcional, con la finalidad de permitir que diferentes partidos tuvieran acceso al parlamento y no solo algunos, los más grandes, los conservadores principalmente.
Así, Thomas Hare, Karl Andrae, Víctor D’ Hondt, entre otros, sostuvieron la necesidad de abrir el parlamento a diferentes opciones ideológicas. Así, aparecieron los sistemas de representación proporcional, es decir, sistemas que buscan el acceso de partidos en proporción directa a su votación, para evitar la sobre representación de organizaciones que, con pocos votos, tenían el mayor número de representantes en la Cámara.
La representación proporcional se extendió por el mundo, como un mecanismo preciso para integrar el órgano más importante del Estado moderno: el parlamento. En nuestro país, después de la crisis económica, política y social de agotamiento del modelo económico y la crisis del partido hegemónico, se integró al parlamento la representación proporcional con las reformas de 1977, cuyo artífice fue Jesús Reyes Heroles. Así, la Constitución estableció que la Cámara de Diputados se integraría con 300 diputados de mayoría relativa y hasta 100 de representación proporcional, los que se elevaron a 200 con las reformas de Miguel de la Madrid en 1986.
Con la reforma de 1996, la reforma más importante de nuestro país en las últimas décadas, se integró la representación proporcional al Senado. Sin embargo, las reformas electorales no han transformado nuestro sistema político. Seguimos siendo un sistema presidencialista en agonía que requiere de cambios profundos.
Giovanni Sartori señaló que nuestro país debería avanzar a un sistema semi presidencialista de dos cabezas: un jefe de gobierno y un jefe de estado. Sin embargo, hemos hecho caso omiso a esas reflexiones. La Cámara de Diputados sigue siendo un circo, la de senadores sin mayor impacto en la vida política y los cambios se perdieron en los discursos de las burocracias partidarias y los cacicazgos políticos.
Tomemos un ejemplo. ¿Por qué se decidió eliminar la boleta de representación proporcional de las elecciones? Originalmente se entregaban en las casillas dos boletas para la elección de diputados, la de mayoría y la de representación proporcional. Pero se eliminó y se obligó a los ciudadanos a votar en una sola boleta ambas elecciones, violando con ello nuestra libertad de votar. ¿Senadores de primera minoría? Terrible decisión, porque los ciudadanos, nuevamente, vemos violada nuestra libertad de votar, pues por definición un partido que queda en segundo lugar se lleva un senador, aun cuando no tenemos la posibilidad de elegir a quien queremos que quede en ese segundo lugar. Debería ser un sistema de preferencia de votos, que no existe.
Además, el sistema de listas cerradas debe cambiar a un sistema de listas abiertas para que sea el ciudadano quien decida quien será diputado. Y si a eso le agregamos que es necesario que existan elecciones primarias para la confección de las listas de representación proporcional y las fórmulas de mayoría relativa, la cosa se pone más dramática. Y ello es así porque los partidos elaboran sus listas atendiendo más al amiguismo y compadrazgo que a las cualidades del representante. Por ello tenemos diputados de representación proporcional que viven tres años de vacaciones muy bien a costa del erario.
Las reformas electorales federales no han funcionado y las locales ni se diga. La reforma electoral en Zacatecas ha sido una vacilada que no tiene pies ni cabeza. Se han acomodado las piezas para que sigan siendo las burocracias partidarias las que decidan quién es diputado y quién no y, es seguro, que seguirán siendo los amigos y familiares de los burócratas quienes llegarán a la Legislatura sin méritos y con una capacidad disminuida. (Continuará).
