De los problemas de los Municipios III
La semana pasada, estimada y estimado lector, cerré la colaboración diciéndole “hay cosas que, independientemente de la ley, el municipio puede construir en términos de facilidad administrativa para que la vida de un ciudadano tenga una mayor ligereza y puede enfocarse a atender otras prioridades, y no quedarse entrampado en las dificultades que vive el ayuntamiento por las carencias que puede tener el municipio pero, peor aún, por las limitaciones técnicas o de prospectiva que pueden vivirse en la forma de relacionarse que tienen integrantes de los cabildos, así como las y los funcionarios que acompañan las tareas gubernamentales.
Formar equipos de trabajo cuesta mucho y es cosa de, como con Alcohólicos Anónimos (AA), “un día a la vez”. Pero dinamitar, meter cizaña, politizar estúpida y ruinmente, así dividir a la gente, es lo más fácil del mundo para pseudo servidores públicos o pseudo funcionarios que, cual sanguijuela, solamente quieren vivir cómodamente a expensas de otras personas, en este caso, de los ciudadanos de los municipios”.
Hago uso de esta cita de la colaboración anterior para que usted puede referenciar que la construcción de equipos no es un tema fácil y tiene su tiempo y circunstancia. Pero estoy convencido de que el primer escalón que hay que trepar para que se pueda generar esa construcción de equipos está en las cabezas, y particularmente de quienes buscaron la encomienda de encabezar al cabildo a través del voto popular por medio de su preparación, construcción de capacidades y envolvimiento temático. Me explico:
Uno de los problemas que he visto con diferentes responsables de ayuntamientos es que, una vez que llegan al cargo, se enajenan de la responsabilidad que existe de representar a las autoridades municipales; parece que el deseo y el anhelo, o incluso la ambición, de ser presidente o presidente municipal se ve obnubilada ante la compleja y enorme cantidad de problemas que aquejan a los municipios, y sobre todo al darse cuenta que las condiciones de tomar decisiones o dar órdenes, o incluso generar determinadas decisiones al seno de un cabildo no es algo que vaya enteramente de la voluntad de una persona, sino que son decisiones que en algún momento tienen que socializarse e, invariablemente, son sujetas de escrutinio y serán conflictos.
Pero cuando la cabeza se niega a involucrarse en temas que son de primera importancia, entonces ya se empiezan a avizorar todavía más problemas en el horizonte. La cuestión gubernamental implica que quienes somos servidores públicos estemos en una constante capacitación debido a la evolución de los diferentes temas que son de orden público.
Entonces, la primera forma de involucrarse es conociendo, analizando, revisando, pidiendo opiniones, escuchando a la gente y a colaboradores, revisando antecedentes, y muchas otras formas más para que se pueda contar con la mejor y mayor cantidad posible de información sobre la cual se puedan tomar decisiones.
Pero si la cabeza de un equipo no hace el esfuerzo por enterarse y entender distintos tópicos más allá de lo enteramente político, es altamente probable que se continúe una inercia gubernamental que no pueda mutar de la misma forma en que las necesidades de la sociedad lo están haciendo, y eso significan problemas.
La capacitación de las cabezas es algo fundamental para entender que lo administrativo en sus diferentes dimensiones debe prevalecer en varios momentos sobre lo político o lo mediático; sin embargo, es fácil darse cuenta cómo las personas titulares de presidencias municipales son presa de vaivenes de grupo, chismes de pasillo o presiones de redes sociales. La ausencia de capacidades facilita el crecimiento de problemas donde no debe haber, o el acomplejamiento de donde ya hay conflictos.
Así que, si de por sí armar un equipo es complejo, imagínese que los integrantes de ese equipo no estén lo suficientemente capacitados y no alcancen a dimensionar que sus responsabilidades van mucho más allá de lo que representa para ellos su propia situación egolatría, narcisismo o arrogancia. Y créame, tengo muchos ejemplos.
Lo que debe prevalecer entonces es un compromiso de capacitación continua, más allá de la institucional, para que cada pieza del rompecabezas de una Administración Municipal se meta en su rol o papel y lleve este a su mejor expresión posible. Pero construir esa idea, créame, es algo muy complejo.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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