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    Opinión Por MARCO ANTONIO FLORES ZAVALA

    TRAVESÍAS

    9 de enero de 2026No hay comentarios4 Minutos de lectura
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    La primera derrota liberal

    El inicio de siglo fue muy electoral en Zacatecas (renovación de los poderes estatales, ayuntamientos y federal). Entonces hubo una creciente oposición política que terminó con la extensa estancia gubernamental del general Jesús Aréchiga Mojarro (1880-1900). El bullicio era secuela ante la cerrazón que impuso su grupo arechiguista y la inestabilidad que se generaron los cambios fiscales.

    En procesos anteriores se procuró el cambio de gobernador y el desplazamiento del grupo, fomentando las aspiraciones del permanente diputado sombreretense Trinidad García, e incluso del nayarita Carlos Rivas. El proceso de 1900 ofreció nuevamente la oportunidad, además el presidente Porfirio Díaz estaba retirando a quienes mostraban márgenes de autonomía, como Aréchiga en Zacatecas.

    Para el proceso, el grupo arechiguista organizó la Junta Constitucionalista de Zacatecas, e inició una campaña política que postuló a Díaz a la presidencia de la República y Aréchiga para gobernador. La asociación fue una reorganización de la extensa red de solidaridades políticas que constituía la constelación de intereses ideales y materiales del autodenominado grupo liberal en el estado.

    Antes del proceso electoral, el grupo arechiguista y algunos colaboradores del gobierno publicaron un manifiesto donde, sin dejar de reconocer la preminencia y la candidatura de Díaz, enunciaron las tradicionales consignas liberales personificadas en su candidato estatal: “El defensor de la pureza de la ley, guardador celoso de los principios inmortales conquistados por el inmortal Juárez, enemigo acérrimo de la ignorancia, protector decidido de la instrucción y gobernante justo y honrado”.

    Concluyeron que las reformas fiscales quedarían inconclusas si Aréchiga no era electo, pues la falta de experiencia práctica política de Genaro G. García provocaría que los “aristócratas y curas” fueran sus consejeros, lo que significaría un retroceso para el liberalismo.

    La adhesión pública a Aréchiga, expresada en el manifiesto, permite observar los elementos constituyentes de su status grupal: unidad al líder local y su proclama liberal, piedra angular para preservar la integración de su constelación de intereses. Al autoproclamarse constantemente liberales, los arechiguistas descalificaron al candidato Genaro G. García, por no pertenecer al círculo liberal que se concebía recipiendario de la Reforma.

    Hecha la campaña, a través del fomento asociativo y la publicación de periódicos, los arechiguistas hicieron propuestas reiterativas. En marzo de aquel año, El Observador Zacatecano publicó: “[De un lado] un gobierno justo, una administración leal, un hombre honrado, y de otro, una facción y una camarilla movidas por el interés y aguijonadas por el despecho, zahiriendo, calumniando, a aquel gobierno, a aquella administración, a aquel hombre (…) Todo el mundo sabe y conoce el origen y el móvil de la oposición de Zacatecas. Un grupo, no de descontentos, ni siquiera de émulos (…) un grupo de seres embriagados de rencor, ciegos de odio”.

    Pese a la movilización arechiguistas, reconocieron la presencia de Genaro G. García como un candidato “de altos y sólidos apoyos”. Aréchiga se retiró de la gobernación en abril (28), solicitó licencia para acudir a la capital del estado y atender asuntos públicos. Regresó hasta el 18 julio. En su lugar quedó el diputado Ramón Romero -por su condición de presidente de la Diputación permanente-.

    En septiembre de 1900, Aréchiga concluyó su periodo gubernamental. La toma de protesta de Genaro G. García y la puesta en marcha de cambios en la administración vino a significar el fin de un régimen. Entonces arribaron opositores de diferentes signos e ideas, significando la primera derrota de los ‘liberales de la Reforma, defensores de la Constitución del 57 y la legislación reformista’.

     

    LECTURA EN EL RECESO

    Diario de una transición histórica, de Claudia Sheinbaum, es una “crónica reflexiva”, un texto sencillo. No deslumbra en prosa ni contenido. Cuenta, en primera persona, sin declaraciones tipo Richelieu o Juan Carlos en Reconciliación. Hay autobiografía con velos y omisiones, los contextos explicativos no existen y por tanto no aclaran cómo surge entre el pueblo y el compañerismo de las izquierdas evidentemente universitarias, todo son encuentros y coincidencias.

    El relato va del día de las elecciones a la toma de protesta constitucional. Reporta qué hizo, parte de lo que dijo, anota eventos y prefigura planes. Asienta desayunos, viajes en aviones comerciales. Poco dice dónde comió y cenó, nada de cómo y con qué se pagaron los gastos de junio a septiembre.

    La narración sirve para notar que hay continuidad de la 4T y configura la genealogía de personajes ad hoc, desde los clásicos Demetrio Vallejo y Salvador Nava, hasta su colega de lucha Martí Batres. Un dato que me entretuvo fueron los adjetivos que usó para los gobernadores y algún otro importante regional. Para David de Zacatecas no usa epíteto alguno.

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