Violencia, inseguridad y copas
“El miedo siempre estará dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”:
Tito Livio
Uno de los instrumentos más utilizados en las últimas décadas por los gobiernos autoritarios es el miedo. Sí, desde la aparición del chupacabras y Salinas de Gortari, la gente tenía miedo de salir por las noches. Bueno no toda la raza, pues bien sabemos que a los degustadores de marranilla, les encanta salir a altas horas de la noche a conseguir combustible para no dejar llegar la cruda.
Pero en muchos lugares, sobre todo en el campo, en las comunidades, sí que había temor de salir. Porque la gente evitaba encontrarse con un animal desconocido, con un alma en pena, con un político priísta o panista (que son casi lo mismo) o con algún inspector del SAT. ¡Chale, qué miedo!
Y entonces los gobiernos comenzaron a utilizar el miedo como su arma favorita de control sobre la población. Luigi Ferrajoli se refiere a este miedo como Populismo Penal, atendiendo a las características políticas de las sociedades, donde el verdadero terror, miedo, es el de las calles, que es el ámbito a donde se dirigen las políticas de seguridad.
Esta visión clasista solo permite ver una parte del problema, insistiendo en que el problema está en quienes venden drogas en las calles, entre los jóvenes reclutados por el crimen organizado, en los morros que pistean afuera de sus casas, pero nunca entre los delincuentes de cuello blanco enriquecidos al amparo del poder público, los defraudadores del fisco o de quienes utilizan todo el poder del estado para desaparecer una población (como la guerra de exterminio en Gaza que lleva a cabo el criminal Netanyahu).
En México todo el poder de la justicia en contra del borrachito que le pega a su mujer, pero no le tocan ni un pelo al gran defraudador fiscal Salinas Pliego. Sí, la justicia en México sigue siendo clasista. Nuestros parlamentarios siguen teniendo el halo protector del llamado fuero, son intocables y si son del partido en el poder, aún más benditos se encuentran.
Las políticas de seguridad han fallado porque no se ha podido frenar el miedo que sale de la televisión, de las redes sociales, de la radio, de la prensa. Porque tenemos que ser claros, quienes tienen la desvergüenza de llamarse periodistas -aclaro que no todos, pero ya sabemos quienes son- una y otra vez mienten y no pasa nada. Inventan noticias y nadie les dice nada, se les paga desde los grupos de presión para joder a mañana, tarde y noche. ¿Quién los detiene?
Y todo lo anterior se mete, como camisa de fuerza, dentro de la libertad de expresión. Pero dicha libertad debe de acotarse, debe existir el deber moral y social de las grandes corporaciones de comunicación, de evitar informar mentiras, de generar odio, temor en la población.
Ya estamos hasta el copete de escuchar a los Ferriz, los Loret, los Gómez Leyva, escupiendo notas falsas, de andar creando montajes, de insultar a diestra y siniestra. Eso nada más no cabe dentro de la cacareada libertad de expresión. Pero siguen con sus bulos y nadie parece querer pararlos.
Ya hasta el 3IAtlas se ha convertido en una enorme nave alienígena que viene a cambiarnos el chip, porque tenemos un desmadre en el planeta, mientras la gran burguesía y sus aplaudidores, siguen matando gente en todo el planeta, siguen contaminando y acabando con la biodiversidad. Debemos de acabar con el miedo. Es el reto que tenemos hoy en día, no es aumentando las penas como se acaban los delitos, es aumentando el presupuesto a la educación, es crear conciencia para terminar con la contaminación.
El auténtico chamuco es el que contamina, el que defrauda (Salinas Pliego, por ejemplo), el que suda calenturas ajenas, el que se pone hasta las chanclas y hace sus panchos frente a la gente en un estadio de futbol.
Tenemos una gran obligación y debemos de cumplirla. No le tengamos miedo al miedo, estamos preparados para salvar nuestra sociedad. Pero para ello se requiere conciencia, conciencia de clase. ¡Salud! Perdón, me acordé de mi admirado Kung-Fu-Panda municipal.
