Aniversarios
Septiembre es un buen mes para celebrar aniversarios: entre nosotros, festejamos la fundación de Zacatecas, y me pregunto si no la están matando sus políticos, y luego, avanzando la reflexión, me pregunto si las ciudades tienen, como el humano, una fecha que indique su defunción. Pero este tema es un asunto sobre el que quiero volver más adelante.
Entre quienes gustamos de la lectura de libros de literatura, de la imaginación, es difícil olvidar el aniversario luctuoso de Italo Calvino, ligado por su fecha al terremoto de México de 1985. Ambos sucesos cumplirán 40 años este viernes 19.
Este septiembre se cumplieron, el pasado sábado 6 para mayor precisión, 100 años del nacimiento del actor, director y escritor de teatro Andrea Camilleri, también de nacionalidad italiana. Esta afición es más personal, confieso. Comienzo mi comentario con este último.
Camilleri ganó notoriedad fuera del mundo del teatro gracias al comisario Salvo Montalbano, un personaje al que creó como respuesta al cuestionamiento del mismo Calvino sobre la posibilidad de la novela negra en Sicilia, donde ocurren los casos de Montalbano y de la que era originario Camilleri. Como ocurre con frecuencia en nuestros días, o desde finales del siglo pasado, los éxitos de la industria editorial alimentan la pantalla, sobre todo la de consumo cotidiano, la llamada pantalla chica.
El personaje de Montalbano se dio a conocer alrededor del mundo gracias a la serie que produjo la RAI, una emisión longeva de cerca de 25 años, pero con continuidad de actores y dirección, y éste es mi caso. La curiosidad de los casos y la presencia en TV me llevaron a explorar los textos que inspiraban las aventuras, y no fue difícil llegar a ellos.
Como lector, los textos más atractivos de Camilleri los encontré en las narraciones breves, en los cuentos y los textos autobiográficos de la vejez. Diría incluso que algunos tenían esa primera impresión de ser magistrales, por la información que dan y sobre todo por la forma más suelta y natural en que presentan. Un ejemplo lo encuentro en las viñetas reunidas en el volumen Mujeres (Salamandra, 2015), que agrupa recuerdos significativos en la vida del autor, la mayoría de ellos siendo salvado por alguna amiga, conocida, pariente.
Italo Calvino es uno de los autores que contaban con mayor prestigio entre amigos y lectores cuando, hace unos 25 años, inicié mi andanza como lector. Este prestigio se sustentaba en buena parte en las ediciones que se encontraban a la mano para los lectores zacatecanos: las españolas de Siruela, entonces todavía dirigida por el fundador.
Así, en mis primeras lecturas, Calvino dominaba ya los preceptos que después descubrí como postulados en una de sus obras póstumas sobre el futuro de la literatura, Seis propuestas para el próximo milenio (Siruela, 1998) y estaba lejos de sus narraciones más emparentadas con la memoria infantil y de la guerra.
Sus primeros textos, quiero decir mis primeras lecturas, enfrentaban al individuo a las disyuntivas del humano moderno, sobre todo en la llamada trilogía “Nuestros antepasados”: la vida en grupo (El barón rampante), la ética en las decisiones cotidianas (El vizconde demediado), el propio reconocimiento en la vida llevada a un grupo (El caballero inexistente).
Como lector incipiente, para mí fueron muy relevantes las trampas que anuncia Si una noche de invierno un viajero (Siruela, 1999), en la que se va desde la nostalgia y los lugares comunes que a veces buscamos hasta las advertencias de la lectura en masa y sus posibilidades de éxito y publicidad venidas del mundo anglosajón.
Palomar (Siruela, 2023) refleja ese mundo, a mi juicio de excesivo cuidado, en el que nos desenvolvemos actualmente: imaginamos, como el personaje de la obra, las muchas posibilidades de nuestra presencia en los días de los demás y tratamos de encontrarles una opción, siempre desde nuestra conciencia, que luzca adecuada a los otros. Ahí radicará la reflexión para la obra de Calvino. Cualquiera de estos autores nos pueden ayudar a pensar las relaciones que tenemos con nosotros mismos, con nuestros ancestros, con nuestra situación en las vidas de los demás.
