El matador zacatecano reaparecerá este 12 de septiembre en la Monumental, consciente de que la tarde representa mucho más que un compromiso profesional.
Zacatecas.- Luis Ignacio Escobedo ha tenido que esperar varios años para volver a verse anunciado en la Monumental Zacatecas. La espera termina este 12 de septiembre, cuando haga el paseíllo en la Corrida de los Zacatecanos. Volver a su feria y hacerlo ante su gente devuelve actualidad a una carrera que se ha sostenido entre el campo, la preparación y una vocación que, pese a la falta de oportunidades, permanece intacta.
El próximo 12 de septiembre volverá a vestirse de luces ante su gente para formar parte de la Corrida de los Zacatecanos, después de varios años de ausencia en el coso de la capital. Conforme se acerca la fecha, crece esa mezcla inevitable de responsabilidad, emoción y deseo que acompaña los regresos largamente esperados.
“Estoy muy contento por estar anunciado en mi feria, en mi plaza, después de estos años de ausencia. Tengo todas las ganas y toda la motivación para que las cosas rueden y se dé un triunfo”, señala.
Zacatecas ha acompañado distintas etapas de su carrera. Allí ha conocido el triunfo, pero también la otra cara del oficio, esa que obliga a regresar al silencio del entrenamiento para comenzar nuevamente. Escobedo no intenta borrar ninguna de ellas. Las buenas y las malas tardes forman parte de la relación que ha construido con una plaza que, precisamente por ser la suya, nunca puede resultarle indiferente.
“He tenido de todo, tardes buenas y tardes malas, pero por ser mi plaza siempre tiene un sentido y un cariño distintos”. En esa frase cabe buena parte del significado de su regreso.
El campo antes de la plaza
La preparación ha sido intensa. Antes de que llegue el paseíllo del día 12 han estado las horas de campo, la búsqueda de sensaciones y ese diálogo privado que únicamente existe cuando el torero vuelve a colocarse frente a un animal.
Escobedo ha podido tentar y prepararse en distintas casas ganaderas, entre ellas Javier Garfias, Los Cues y García Méndez, además de matar un par de toros a puerta cerrada. Un recorrido que le ha permitido llegar a la cita zacatecana con rodaje y, principalmente, con confianza.
“Gracias a Dios he tenido bastante campo. He podido estar en varias ganaderías y matar un par de toros a puerta cerrada. La preparación no ha faltado y llegamos en un buen momento”.
Porque detrás de una tarde anunciada existen muchas otras que nadie contempla: kilómetros, tentaderos, entrenamiento, espera y una incertidumbre que forma parte inseparable de una profesión en la que pocas veces existe garantía sobre la siguiente oportunidad.
Escobedo lo sabe. Los años de alternativa también modifican la perspectiva. Cuando las puertas no se abren con frecuencia, permanecer exige algo más que condiciones; obliga a encontrar razones para continuar. Y él todavía las encuentra en el toro.
“La ilusión de la profesión, la motivación de estar toreando, de estar en la cara de los animales y disfrutarlo”, responde cuando se le pregunta qué lo mantiene en el camino.
Por supuesto, permanece la aspiración que acompaña a cualquier torero desde que decide hacer de esto su vida: avanzar, consolidarse, alcanzar un sitio importante. Escobedo habla de esa “espina” de la consagración y de llegar a ser figura, pero coloca por encima de cualquier recompensa material el motivo esencial que lo mantiene vestido de luces: torear.
Una tarde que también se juega en los tendidos
El 12 de septiembre, sin embargo, existe otro desafío. La corrida llega mientras la tauromaquia mexicana atraviesa un momento complejo, con distintos frentes abiertos y debates que han puesto en discusión su continuidad en diversos puntos del país. Escobedo radica actualmente en Querétaro, otra entidad donde la defensa de la tradición taurina ha adquirido especial relevancia. Desde esa perspectiva observa también lo que sucede en Zacatecas.
Y por eso, cuando habla de la próxima corrida, no piensa únicamente en lo que pueda ocurrir dentro del ruedo. Mira hacia arriba, hacia los tendidos. “Lo más importante es decirle a la afición que crea en la Fiesta, que crea en la Feria de Zacatecas. Necesitamos llenar los tendidos, eso es lo más importante”.
Su llamado adquiere una dimensión especial en una corrida protagonizada por toreros de la tierra. Tres corazones zacatecanos reunidos en una misma tarde y ante una afición que tendrá también una parte importante de cuanto ocurra.
Porque la defensa de una tradición no sucede únicamente en los discursos o en los momentos en que aparece una amenaza. También se ejerce asistiendo, ocupando una localidad, acompañando a los toreros y manteniendo viva la relación entre una ciudad y su plaza.
“Que no dejemos de luchar por nuestras tradiciones, por nuestra cultura, por lo que nos gusta, tanto en Zacatecas como en todos lados, y defender la Fiesta Brava”, pide Escobedo.
Para él, la oportunidad llegará después de años esperando volver a encontrarse con ese ruedo. No sabe qué embestidas encontrará ni cuál será el desenlace de la corrida. En el toreo, cualquier certeza termina cuando se abre la puerta de toriles.
Pero hay algo que sí conoce: el sitio al que vuelve. El 12 de septiembre Luis Ignacio Escobedo hará nuevamente el paseíllo en la Monumental Zacatecas. Regresa con campo, con años de oficio y con una ambición que el tiempo no ha conseguido apagar. Regresa, sobre todo, al lugar en el que una tarde de toros nunca es solamente una fecha más. Porque cuando la plaza es la propia, todo tiene otro sentido.

FOTOS: Germán Fernández
