Freddie Freeloader
“Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear la posibilidad de producirlo”.
Paulo Freire
Pues resulta que, una vez más, iniciamos actividades escolares en la Benemérita UAZ. Sí, después del linchamiento mediático al ex rector Rubén Ibarra (y de paso a toda la familia) y un proceso electoral medianamente limpio.
Y digo medianamente, porque el Reglamento de Elecciones es un chiste, una burla, pero así lo aprobaron los grupos políticos universitarios, en el órgano político llamado Consejo Universitario. Así que, nos guste o no, esas normas son las que organizan los procesos de renovación de las autoridades universitarias.
Pero lo verdaderamente importante, del inicio de cada ciclo escolar, radica en los programas, en las formas en que se enseña, no solo en la transmisión de conocimientos, sino en la posibilidad de que los alumnos los construyan, que sean realmente críticos de una realidad que, a nuestros jóvenes, las ha rebasado enormemente.
Surge la pregunta: ¿Nuestros programas están actualizados? ¿En serio se enseña a los jóvenes la problemática que enfrenta el país y el estado? ¿La enseñanza es crítica o es discurso repetitivo de teorías neoliberales? ¿Los alumnos de nuevo ingreso, a las licenciaturas, son auténticos ciudadanos comprometidos políticamente con el país o simplemente carne de cañón para ciertos partidos o actividades de algunos grupos en particular?
La neta que la teoría y la práctica, aunada a conocimientos más actualizados de las ciencias, parece estar ausente de las aulas universitarias. Y no solo es la UAZ. Muchas universidades viven la misma situación. Vean el caso de universitarias feministas que se autodenominan anarquistas, pero pregunten si por alguna casualidad del destino han leído al príncipe Kropotkin.
Las ciencias no son dogmas, la investigación va transformando el conocimiento, para explicar el desarrollo de la sociedad en todas sus disciplinas. Sin embargo, aun en muchas unidades académicas se siguen leyendo libros de hace setenta u ochenta años, como libros de texto. ¡Qué pinche horror!
Y si vamos al extremo, aun los docentes siguen dictando a los alumnos, directamente de los libros de texto. Aunque lo duden y algunos se defiendan diciendo que eso se denomina LIBERTAD DE CÁTEDRA. Y no solo eso afecta al conocimiento del mundo; la mayoría de los alumnos utilizan los avances tecnológicos para realizar sus tareas, trabajos o investigaciones.
La errónea utilización de la Inteligencia Artificial está produciendo sujetos carentes de conocimiento crítico, pues como señalaba Paulo Freire: “Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está al alfabetizado”.
Estamos obligados a ser críticos con los programas de cada asignatura. Estos no son inmutables, por el contrario, van cambiando conforme la sociedad se va desarrollando. La educación debe ser totalizadora, en el sentido de tener las bases elementales de otras disciplinas, para estar en condiciones de entender los conceptos que forman la espina dorsal de la disciplina en la que decidimos formarnos.
Un médico debe tener conocimiento de la ciencia social, por ejemplo. Un jurista debe saber los conceptos más elementales de la economía. Pero, fundamentalmente, deben saber leer y escribir. Sí, aunque suene absurdo, un jurista que no sabe leer y escribir esta destinado a ser del montón.
Recuerdo a un docente, en mi último año de la licenciatura, que solo fue dos clases -al inicio y al final-. Amarrados con un mecate, llevaba varios libros y nos dijo: “Muchachos, ¿pues que les puedo enseñar? Miren estos son prontuarios de mercantil, civil y familiar. Aquí agarran el formato que quieran y a cobrar. Recuerden que deben de cobrar bien, no desprestigien la profesión”. Dejó las calificaciones y se fue. ¿Qué aprendimos de ese especial docente? Es tiempo de cambiar las cosas y apostar por una educación de calidad y totalizadora. México lo necesita. Digo.
