DESAFINADO
No existe nada más liberador, para la aterrada alma, sobre todo en estos años de muchos balazos y más ideológicos bandazos, que leer los diarios y las redes sociales, y enterarse de que la vida es un cajón donde guardamos todas las cosas que nunca pudimos hacer.
Me explico: muchos de nosotros hemos querido terminar con el racismo, con la misoginia, con la opresión sobre las capas más empobrecidas de la población, con el odio, con la intolerancia, pero hasta ahora poco hemos podido hacer, porque estamos más divididos que un pan en casa de obrero con 12 hijos y mujer.
Es por ello que vamos dejando lo imprescindible para hacer lo importante, que tiene que ver más con nuestras ambiciones personales que con lo colectivo. Sí, somos seres despreciables, lo reconozco y me avergüenza decirlo o escribirlo.
Pido perdón a toda la gente a la que le he fallado, la que esperaba más de mí y que no he podido apoyar. Pero debo señalar que mi cajón sigue abierto, no para echar más asuntos, sino para sacar los que aventé en momentos de desesperación. Porque el sectarismo, el conformismo pequeño burgués y la intolerancia ideológica han impedido crear un partido de auténtica izquierda que haga contrapeso a los partidos de derecha, ultraderecha y centro derecha que existen.
En el rancho muchos de los graves problemas heredados por la derecha y ultraderecha no han sido resueltos.
Me refiero a la inseguridad, el empleo, la pobreza, el analfabetismo. La narrativa del centro derecha es muy simbólica (sobra de ejemplo las mañaneras de la presidenta), “vamos avanzando poco a poco, eliminando las políticas neoliberales que tanto daño le han causado al pueblo. Primero los pobres”. ¿Es neta? Digo, porque los indicadores apuntan hacia el sur, donde entidades como Oaxaca, Chiapas, entre otras, siguen viviendo en el olvido, en el atraso.
Me dirán que la pobreza extrema se ha ido eliminando poco a poco, a través de programas asistenciales. Pero hasta hoy no hay signos de una cruzada total de los mexicanos, para eliminar enfermedades de siglos pasados como la desentería, el cólera.
Veamos. Señora presidenta, ¿es muy difícil, en su gobierno, realizar una enorme cruzada en el sureste del país, para acabar con las enfermedades diarréicas más comunes que matan a tantos niños?
¿Es imposible realizar una revolución educativa en el sur, donde encontramos las tasas más altas de analfabetismo que el promedio nacional? ¿De plano no es posible? ¿Acaso no hay voluntarios en todo el país para desplazarse a esas zonas a combatir el analfabetismo?
Es eso lo que han dejado las políticas neoliberales; la derecha y ultraderecha han sido promotoras del analfabetismo, de las enfermedades para beneficio de las transnacionales de la medicina, pero que las supuestas políticas de izquierda no han podido enfrentar. No, el discurso de quienes gobiernan solo se queda en el populismo.
Y crean, amigos, que es desesperante para muchos, que no haya un plan integral de lucha contra algunos de los males que hemos vivido desde la existencia del sistema de partido hegemónico. Primero los militares de la revolución burguesa, después los civiles alineados a Washington, hoy los liberales que son más discurso que hechos. Pero bueno, entiendo que es muy complicado salir de un laberinto lleno de contradicciones, entre el salir de la dependencia económica a un sistema de gran competencia con los países más ricos.
No es fácil y, ahí, entiendo a los liberales que gobiernan, aun cuando sigan adorando a Madero, Villa, Zapata, Carranza y Obregón, pero que han mandado al olvido a Revueltas, Heberto, Campa y Jaramillo.
La revolución de 1910 solo cambió a los viejos latifundistas por otros millonetas. La inclinación al poder empresarial sigue vigente. ¿Cuánto tiempo durará la adoración al capitalismo voraz? Sinceramente no lo sé.
Lo que sí sé es que llegará el tiempo en que el ser humano habrá de recobrar la oportunidad que perdió, hace siglos, por ser libre plenamente. Ésa que se vivió con Jesús, en aquellos parajes desde donde nos habló de las bienaventuranzas. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque quedarán saciados. ¡Ya dije!
