Corde Natus Ex Parentis
No existe nada más liberador, para la aterrada alma, sobre todo en estos años de muchos balazos y más ideológicos bandazos, que revisar los diarios y leer declaraciones cada día más aterradoras como saber que, en el planeta, la huesuda se da vuelo.
Siguen llegando las trágicas noticias desde la zona de conflicto (en Gaza), donde el señor Netanyahu sigue arrojando bolo a los niños palestinos en proyectiles con la leyenda: “Tengan su Navidad”.
Por su parte, los ucranianos esperan que Santa Claus les mande más armas letales ahora que Vladimir Putin les envió una piñata Oreshnik (nombre del misil supersónico de alcance medio) para la sana diversión de Zelenski y camaradas.
Y si pudiéramos darle una vuelta al mundo encontraríamos más conflictos en estos días que se supone son de paz y amor. Vean el caso de Haití, El Salvador, Corea del Sur, Líbano, Siria, Guadalupe, Fresnillo y un largo etcétera. ¿Cuál es la razón por la que el ser humano tiene el instinto de darle en su máuser al prójimo? ¿Quién jijos puede sostener racionalmente que la violencia es parte del espíritu humano?
Un camarada me comentó que el Dalai Lama se puso violento con un mosquito que se atrevió a chuparle la sangre. Total, que estos días son de chingadazos (en algunos lugares del país, son a la piñata, que conste).
Pues bien, en atención a que no puedo hacer nada por evitar tanta violencia no me queda más que declarar mi repudio personalísimo ante tanta degradación del ser humano. En estos tiempos, como en el juego de Serpientes y Escaleras, el hombre ha caído a niveles sin paralelepípedo en la escala animal.
Sí, desgraciadamente somos más animales que ayer y hay líderes mundiales que son mucho más animales que muchos de nosotros. Bueno, las cosas están tan difíciles, que el Grupo de los Tres (Santa Claus, Los Reyes Magos y el Niño Dios) se reunió en algún lugar secreto, por razones de seguridad, para determinar que este año es muy probable que se detenga la entrega de juguetes y demás regalos para los escuincles.
“El año pasado levantaron a Baltasar algunos hijos del Ku-Klux-Klan. Le dieron unas guantadas muy gachas y le advirtieron que se regresara a su casa en África”, dijo Melchor muy consternado. “A mí me bajaron la mitad de regalos, que por el cobro de piso, en el Centro de la Ciudad de México”, señaló Santa Claus.
“Yo vi a algunos seguidores del Padre Maciel y mejor me eché a correr”, dijo con tristeza el Niño God. “Por todo ello, les sugerimos a los padres que se pongan en contacto con alguna empresa de la República China para que compren sus regalos. No cobran el envío”, concluyeron muy tristes nuestros amigos.
Aunque muchos chiquillos ni se preocuparon por tales noticias. “Pos a mí me vale, total nunca han venido ni de pisa y corre a mi colonia. Así que si dicen que no van a venir: ¡asústame panteón!”, dijo el Chicarcas, jovenzuelo de colonia popular de la capirucha, dedicado a actividades peligrosas.
En fin las cosas están muy, pero muy gachas. ¿Y los gobiernos? Bien gracias, poniendo arbolitos y adornos sin sentido en el paisaje surrealista mundial.
Pero no todo está perdido. Existen muchísimas personas con un enorme corazón que no dudan en quitarse la camisa para dársela a quien menos tiene. Familias que llevan tamales y atole a los menos favorecidos. Grandes esfuerzos de una hermosa humanidad que se quiere quitar de encima la costra de la mala vibra. A ellos mi aplauso y mi reverencia por ser ejemplo, porque sí se puede detener la violencia con fe e inteligencia.
Aprovecho para desear a todas las buenas personas que estas fiestas sean de sensatez y generosidad. Olvídense de los excesos, de tanta parafernalia, de odios y reproches. Sean felices y que, en familia, recuerden siempre que ayudar a los demás es una obligación, no solo moral sino también social. Y a los servidores públicos pedirles que no se chinguen la lana del pueblo. Digo. ¡Sean felices y reciban de mi parte un fuerte y revolucionario abrazo! (Nos leemos en 2025).
