Sobre cuerpos, halagos y cuentos
LA SOCIEDAD DE LOS ELOGIOS MUTUOS. Alguna necesidad inagotable provoca recibir tan bien a los elogios y tan mal a las críticas ajenas. Como que decirle al reflejo en el espejo que es muy guapa, lista o poderosa, nomás no se siente tanto como cuando alguien más lo confirma o, en su desgraciado caso, lo refuta. Los cumplidos suelen ser esas afirmaciones siempre subjetivas sobre alguna característica innata o no, que buscan agradar a la víctima del disparo.
Eso sí, un elogio nunca es gratuito, es más bien una especie de intercambio verbal para darle algo de razón al elogiado sobre lo que, seguramente en algún momento, ya le había preguntado a los espejos. Que bonitos ojos, que pestañotas, que inteligente, que buenas decisiones tomas, que alto, que fuerte, que masculino, que mujerón, que bonito cabello, piernas, dedos, uñas, coche, inclinación política o de perdido, cuenta bancaria.
Tú eres más guapa, nooo tú más; más gentil, más interesante; menos mentirosa, hipócrita o al menos no tan buen elogiador como yo. Agradabilísima majestad, presidentísimo, doctorzaso con su importantísima y superior opinión y conocimiento, quisiera ser un día como usted para que la gente también me elogie tanto como yo sinceramente lo hago, porque luego, de qué se trata la vida. Quedo atento a sus consideraciones.
Que bonita, que guapo, que poco idiota es usted, recuérdeme, porque yo sí digo la verdad, no como otros mentirosos que no saben valorar la innagotable necesidad de elogios y ausencia de críticas ajenas para que esto siga pareciendo funcionar. Quedo, atentamente, de usted.
MALDITOS CUERPOS MORTALES
Las olimpiadas son una especie de concurso internacional en el que cada país manda sus mejorcitos cuerpos a competir con símiles extranjeros a ver quién lanza más lejos, llega más pronto, brinca más alto o saca menos agua, entre otras no menos interesantes categorías de superioridad física intercontinental.
Esos interesantísimos e internacionalísimos concurzotes de capacidad son transmitidos para que los menos capacitaditos, pero atentos cuerpillos, observen y se sientan orgullosos de los súper humanos que llevan las mismas banderas a las que les rinden honores desde una contemplativa falta de corpórea superioridad.
A los ganadores se les premia con pedazos de aleaciones de metal que representan el triunfo por encima de los más perdedores, pero también súper capacitados cuerpezotes, a pesar por supuesto, de las circunstancias ambientales de su existencia cotidiana cuando no están concursando. Siempre se rompen récords en categorías de los multicontemplados concursos.
Cada vez más ágiles, más fuertes y más precisos los cuerpos que, no casualmente, portan colores de solemnes banderas de países tan competentes como ellos, tan bien representados. Por supuesto que, casi todos los cuerpos concursantes gozan de la nunca terrible juventud y seguro, han tenido mucho entrenamiento y exigencia desde que empezaron a ser cuerpos.
Nunca es fácil ser tan súper humano como para vencer la adversidad, sea corriendo, cargando, bailando, representando. Ahí andan los cuerpos compitiendo entre ellos antes de que envejecer los limite tanto como para poder ganar oro en ser súper muertos olvidados.
ESTE CUENTO LLAMADO NOSOTROS
Afortunadamente resulta que cada persona es de algun lado, de alguna familia, de alguna etnia, barrio, profesión, clase social, nacionalidad, edad, tipo de sangre, preferencia sexual, comunidad, religión, club, asociación, de alguna ciencia, de algún color de ojos, sabor favorito, condición económica, filia, fobia, banda de jazz, rock, pop, ranchera o de alguna marca de cerveza, agua embotellada, grano de café, marca de ropa, teléfono, color favorito de cepillo dental o de algún trauma infantil, de alguna ausencia, creencia, corriente metodológica o de algún escritor de novela negra, de alguna forma de labios, tamaño de pies, signo zodiacal o sabor de helado, de chicle, maruchan o pasta dental.
Pero desafortunadamente resulta que muchos son del mismo lado, misma familia, etnia, barrio, profesión, clase social, nacionalidad, edad, tipo de sangre, preferencia sexual, comunidad, religión, ciencia, color de ojos, sabor favorito, condición económica, filia, fobia, banda de jazz rock, pop o ranchera, marca de cerveza, agua, café, signo, helado, pies, maruchan…
Lo peor es que también resulta que todos son únicos porque no se parecen a nadie y porque tienen muchos gustos, disgustos o características que también muchos otros tienen, pero no tantos ni todos, ni siempre, ni los mismos, ni cualquiera, solo unos cuantos que suelen gustar muy parecido, vivir muy parecido o pensar tan parecido como solo poquitos, nosotros, lo hacemos.
