El paisaje, la ciudad
Todas las ciudades nos cuentan una historia; si ponemos atención, seremos capaces de observar que el lento transcurrir del tiempo dejó su impronta en las calles que transitamos a diario en el trajín de nuestras actividades cotidianas. También podremos percibir que, como si fuese una premonición o una esperanza de futuro, la ciudad nos relata la manera en que queremos verla en el porvenir.
A través de la percepción de ese paisaje urbano que tan familiar nos parece, observaremos la superposición de diferentes secuencias temporales y distintas dinámicas económicas, sociales, culturales e ideológicas en torno a lo que se concibe como ciudad, una ciudad que existe en el continuum de la historia y que, por ende, se transforma permanentemente.
Cuando camine por el Centro Histórico ponga atención a las vetustas edificaciones que traslapan diferentes estilos, maneras de construir, preferencias artísticas y hasta soluciones arquitectónicas diversas según la función y el uso.
Veremos casas decimonónicas, como aquellas que se levantan orgullosas con su mal llamado “balcón francés” -correctamente bay window o ventana bahía-, señalando el gusto de principios del siglo 20 por los estilos victorianos o también veremos esas antiguas casas coloniales de grandes patios de arquería de medio punto que aún hoy fascinan a propios y extraños para llamar a nuestra ciudad “colonial”.
Asimismo, alrededor de las ciudades se tejen un sinfín de relatos e historias, de configuraciones simbólicas que perpetúan un imaginario urbano, una idea particular de ese territorio que vivimos y habitamos. Estos imaginarios influyen en la construcción mental y material del espacio urbano, por ejemplo, en la proyección hacia el exterior de ciertos valores cosificados y vendidos como un bien cultural y patrimonial, como el que le mencionaba de ciudad colonial, o bien, en la protección puntual de ciertos inmuebles en detrimento de otros.
En resumen, las ideas en torno a lo que concebimos como ciudad también tienen su traducción en aquello que se denomina como “paisaje urbano”.
Estos elementos que conforman el paisaje urbano, crean a su vez la imagen mental que tenemos de nuestra ciudad. Aquellas instantáneas naturales y cotidianas que tenemos en nuestra cabeza, se consolidan por la visión de ciertos elementos paisajísticos que integramos a nuestra memoria en la cotidianidad.
¿Qué pasa cuando ese paisaje se trastoca? ¿Qué sucede cuando la perspectiva visual de cierto punto de la ciudad se cambia para dar paso a una totalmente nueva? Sin duda, gracias a la asombrosa capacidad de adaptabilidad que poseemos todos los seres humanos, llegamos a acostumbrarnos y a olvidar -no sin cierta nostalgia- aquella imagen de la ciudad que quedó en el pasado, pero en ocasiones llegamos a percibir una pérdida irremediable de algo que sin duda era mejor y que ahora se escapó para siempre.
Desde hace algunos meses la discusión en torno a los paisajes urbanos en las ciudades patrimonio de la humanidad ha estado presente.
La UNESCO aboga por su protección y a través de la normatividad emitida para todas las ciudades que integran la lista de patrimonio mundial, intenta evitar la transformación drástica de los paisajes urbanos en las urbes históricas. Algunas incluso perdieron el nombramiento debido a intervenciones que modifican totalmente la complejidad paisajística, tal es el caso de Dresden en Alemania o de Liverpool, en Reino Unido.
En el primer caso fue por la construcción de un puente moderno, que, por cierto, fue votado por más de dos tercios de la población de la ciudad alemana. ¿Qué vale más: la conservación y la presencia en la lista de privilegiados de la belleza y la historia o el desarrollo de edificaciones y soluciones contemporáneas?
En los últimos días fuimos consultados acerca de la opción de construir un viaducto elevado que quizás irremediablemente modifique la perspectiva visual de esa parte de la ciudad, pero ¿realmente será la solución y la vía para alcanzar una movilidad sustentable bajo los principios del derecho a la urbe o simplemente estamos siendo testigos de la superposición de una capa más de historia que cambiará la apariencia de nuestra ciudad para siempre?
Lo importante aquí, por más utópico que parezca, es que seamos los zacatecanos los que realmente decidamos en esta ciudad que siempre nos cuenta una historia.
