MADRID. El poco juego de la ganadería de La Ventana del Puerto protagonizó el decimocuarto Festejo de Abono de la Feria de San Isidro. El confirmante Christian Parejo firmó una actuación importante, decorosa con el abre plaza, saludando en el tercio y sobresaliendo del resto de la tarde.
Sebastián Castella dio más de lo que tuvo su primero, lo mismo que Daniel Luque con el quinto, lidiando con empaque y torería ante la poca fuerza que tuvo el astado.
El confirmante Christian Parejo estuvo muy firme y tiró de cabeza con el novillo de su confirmación, primero de la tarde. Tras el segundo puyazo se recreó en un buen quite por tafalleras muy erguidas rematado con una gran media.
En la muleta, Parejo lo recibió a pies juntos con cambiados por la espalda en los medios. Lo entendió y le cogió el aire por el colaborador pitón derecho. Un ejemplar que obedeció con ritmo y clase, sobre todo en los primeros compases.
Lo mejor de la tarde de Daniel Luque llegó en dos tandas con la diestra ante el quinto. Un toro noble, pero muy soso, con el que fue complicado redondear una labor que convenciera a todos. Sometiendo la embestida y empujándola hasta el final consiguió algunos pasajes destacados. La espada no funcionó.
Castella, que asumía su segundo compromiso en este ciclo, se fue de vacío ante un lote sin ninguna opción de lucimiento.
LA FIRMEZA DE CHRISTIAN PAREJO
Abrió plaza Bonoloto, de La Ventana del Puerto, el ejemplar de la confirmación de alternativa de Christian Parejo que tuvo un buen saludo capotero. Entró en quites con Sebastián Castella, respondiendo a la figura francesa de buena manera en el manejo del percal, fue ovacionado.
Tras la ceremonia de confirmación, brindó con calidez a la afición de Madrid. Un inesperado inicio de faena, pues esperó al astado para dar un cambiado por la espalda ante el mérito y el valor. El novillo tuvo ese fondo de nobleza, y se movió en las primeras series, la apuesta que tenía Parejo la superó con creces.
Oficio y técnica en una manifestación clara de poder, de entender lo que fue el toro que poco a poco dio menos, y quedándose más corto. Extrajo hasta el final lo que el astado le permitió y eso se tradujo en una presentación decorosa. Certero con la espada, saludó en el tercio tras una muy ligera petición de oreja.
CASTELLA LO INTENTÓ
El segundo de la tarde, que correspondió a Sebastián Castella. El novillo valió poco, o casi nada, muy descompuesto en la embestida. La afición, como tarde a tarde, le exige a Castella, como lo hace con las figuras de ese nivel.
El francés toreó por el izquierdo, se encastó, y consiguió dos series con mucho mando, busco el trazo largo. Por derecho, un novillo de más cortas embestidas, se metió entre los pitones, aguantó y robó los muletazos, así en ese tenor, aguantó. Se puso encima, porque al final era eso, o nada. Y por ello se entiende que nada debe reprochársele, hizo cuanto pudo. Palmas tras su actuación.
CLASE PUESTA CON EL QUINTO
El tercero, Inspector, fue un toro que no ofreció absolutamente nada. Sin fuerza, sin transmisión, deslucido completamente y por ello, Daniel Luque decidió no alargar las cosas y cortar por lo sano, abreviando y yendo por la espada.
Daniel Luque quiso cambiar la historia con el quinto de la tarde, Acedia de La Ventana del Puerto, con el que estuvo muy fino en los primeros muletazos. Empaque y sello, llevando la muleta con mucha suavidad, sin obligar al toro, llevándolo muy bajo, siempre con el toque artístico que le caracteriza.
Al novillo no se le podía obligar, caminaba con la fuerza medida, porque exigirle más, era saber que perdería las manos. Que voluntad tuvo el astado de arremeter, y además una fijeza tremenda, pero no podía dar más fue agradecido, quiso embestir, pero lo hizo a cuenta gotas.
Luque no cesó en el ánimo, lo llevó por ambos pitones. Falló con la espada y se retiró en silencio.











