ZACATECAS. Desde hace 14 años, la huerta de la familia Pasillas Chávez, ubicada en el rancho Varela, de El Orito, se tiñe de amarillo y naranja con el florecimiento del cempasúchil, en vísperas del Día de Muertos.
Sobre esta cosecha, Luis Gerardo Pasillas relató que la tradición de cultivar las flores con las que decoran las tumbas de sus seres queridos comenzó en 2012, luego del fallecimiento de su madre, Martha Patricia.
El jardín de flores, creado como muestra de amor para honrar la memoria de su madre y de otros familiares que se adelantaron en el camino, mantiene unidos a los descendientes del matrimonio Pasillas Chávez, pues hijos y nietos participan tanto en la siembra como en la cosecha del cempasúchil durante esta temporada.
“Esto es familiar y entre todos llevamos un beneficio; es una unión familiar y lo que representa [el huerto] es vida para nosotros”, expresó Luis Gerardo, también conocido como Lalo.
Mencionó igualmente que con esta tradición acompañan a su padre, quien padece cáncer desde hace ocho años y es el pilar tanto de la familia como del rancho.
Dentro de la huerta se destina un terreno de poco menos de una hectárea al cultivo de estas tradicionales flores, que forman una especie de tapete entretejido de tonos amarillos y naranjas, rodeado de manzanos, nogales, duraznos, fresnos y otros árboles.
Lalo relató que la plantación de cempasúchil ha crecido poco a poco, ya que con en los primeros años de cultivar las flores, vecinos y conocidos empezaron a pedirlas y, más adelante, muchas otras personas se interesaron en comprarlas, por lo que decidieron ponerlas a la venta.
Desde que consiguieron las primeras semillas, la familia ha producido las propias año tras año, lo que les permite obtener flores grandes y de colores intensos. La mayoría tiene forma circular y numerosos pétalos; otras presentan menos pétalos y dejan ver el botón central. Las hay de amarillo pálido y de un naranja intenso.
EL PROCESO, UNA HAZAÑA
Luis Gerardo destacó que el proceso de cultivo es toda una hazaña familiar, la cual comienza desde el 24 de junio con la siembra de las semillas en almácigos, para que después las plantas sean trasladadas al terreno en los primeros días de agosto y, de ahí en adelante, cuidar la flor en todas sus etapas.
En los últimos días de octubre comienza el corte del cempasúchil. “Cortamos las nuestras y ya lo demás a la venta, y de lo que se queda en el surco, volvemos a recoger semillas para el año entrante”, explicó.
En esta plantación todo se aprovecha. La familia recuerda y honra a sus difuntos con las flores, comercializa parte de la cosecha para obtener un ingreso extra y recolecta las semillas de las plantas restantes para garantizar la siembra del próximo año.
Lalo explicó que, para que las semillas tengan una buena germinación, es necesario permitir que maduren en la flor mientras permanece en la planta. Esto garantiza una producción abundante y flores de colores intensos, capaces de llenar de vida cualquier rincón donde sean colocadas.
Para la familia, cada flor de cempasúchil tiene un significado especial: es el recuerdo de quienes ya no están, pero también la oportunidad de permanecer unidos y mantener viva una tradición en su huerta.














