San Juan de Dios y su pasado dominico
¿Qué sabemos del primer convento dominico en Zacatecas? Aunque hoy asociamos el templo de San Juan de Dios con la arquitectura de principios del siglo 20, su historia se remonta a los primeros años del siglo 17, cuando los frailes de la Orden de Predicadores llegaron a esta ciudad minera.
Los dominicos llegaron a Zacatecas en 1604, a petición de los vecinos mineros y con la anuencia del obispo de Guadalajara, Alonso de la Mota y Escobar. Entre los primeros religiosos se encontraba fray Nicolás de Ortuño, quien sería el primer prior de la comunidad. Para establecerse, recibieron el antiguo hospital de la Vera Cruz, situado al sur de la ciudad y reconocido como el primero de su tipo en Zacatecas. Su establecimiento contó con el patronazgo del capitán Bartolomé Bravo de Acuña, primer conde de Santa Rosa.
Aunque todavía sabemos poco sobre las características arquitectónicas de este primer conjunto, algunas fotografías y documentos nos permiten aproximarnos a su organización. Es probable que contara con una disposición semejante a la de otros complejos conventuales de su época: un templo vinculado con el claustro y espacios destinados tanto a la vida comunitaria como a las labores hospitalarias. En él habitarían alrededor de ocho religiosos.
Gracias a un protocolo notarial sabemos que entre sus altares destacaba uno dedicado a Nuestra Señora del Rosario, advocación estrechamente vinculada con los dominicos, quienes difundieron su culto en distintos territorios de la Nueva España.
El documento permite imaginar el aspecto de aquel retablo: estaba organizado en tres cuerpos o niveles, con columnas salomónicas adornadas con motivos de parra, figuras de ángeles o niños y una cornisa volada. En la parte superior descansaba, a manera de peana, una escultura de la Virgen del Rosario. Según las referencias de Rivera de Bernardez, el templo también contaba con un altar dedicado a San Nicolás obispo.
No obstante, la historia de este espacio no permaneció ligada exclusivamente a los dominicos. En 1785, después de la expulsión de los jesuitas y de las modificaciones en la distribución de sus antiguos establecimientos, los frailes dominicos pasaron a ocupar el excolegio jesuita. El antiguo conjunto de Santo Domingo, conocido también como convento de la Santa Cruz, quedó entonces en manos de los religiosos hospitalarios de San Juan de Dios, quienes se hicieron cargo de él a partir del 14 de febrero de ese año.
El cambio de comunidad no significó una ruptura absoluta con el pasado. Algunas devociones dominicas permanecieron en el recinto, entre ellas la del Señor de Esquipulas, advocación asociada con la veneración de un Cristo negro cuyo culto se difundió desde Guatemala. Sin embargo, los espacios también fueron adaptándose a las necesidades de sus nuevos ocupantes. En 1793, los juaninos trasladaron los restos humanos que conservaban en su antiguo establecimiento —situado en el espacio que posteriormente ocuparía la escuela Valentín Gómez Farías— al conjunto que ahora administraban. Asimismo, la antigua capilla del Rosario fue sustituida por una dedicada al arcángel san Rafael.
A estas transformaciones se sumaron los daños materiales. En 1810, un incendio afectó el interior del templo, que para entonces ya estaba dedicado a San Juan de Dios. Una década después, las Cortes españolas decretaron la suspensión de las órdenes religiosas hospitalarias y, en 1827, el hospital pasó a manos del Ayuntamiento de Zacatecas.
El inventario levantado entonces constituye una fuente valiosa para reconstruir el aspecto del recinto. En él se registraron nueve altares, además del baptisterio y el cementerio conventual. Entre las advocaciones mencionadas se encontraban san Vicente Ferrer, san Juan Bautista, san Agustín, san Sebastián, san Lorenzo, san Francisco, santa Teresa, san Carlos y Nuestra Señora de Loreto. Otros altares estaban dedicados al Señor de Esquipulas, san Rafael arcángel, san Carlos Borromeo, las Ánimas del Purgatorio, Nuestra Señora de Guadalupe y San José.
Durante el siglo 19, la desamortización de los bienes eclesiásticos y los cambios en el uso de los antiguos establecimientos religiosos contribuyeron al deterioro y la transformación del conjunto. El recinto se convirtió en hospital civil. Fue durante las primeras décadas del siglo 20 cuando adquirió buena parte de la fisonomía que reconocemos actualmente, marcada por las formas neogóticas y la torre asociada con el trabajo del arquitecto Dámaso Muñetón.
Más adelante, la pérdida de la plazuela de San Juan de Dios para levantar un casa particular permitió que la fachada se perdiese entre las callejuelas, en un acto que provino de la decisión del ex gobernador Pánfilo Natera.
*Maestra en Estética y Arte
