El complicado camino de la jubilación
La jubilación es un derecho que se ejerce una vez que se cumple con ciertos requisitos establecidos en a legislación aplicable, atendiendo al régimen de seguridad social que se cotizó, pero también a lo que establecen los Contratos Colectivos de Trabajo, en caso de tenerlos.
Lo primero que tenemos que aclarar es que no se trata de ningún privilegio, son derechos que se adquieren primero por luchas gremiales y segundo por la ley y sus reformas aplicables no solo al momento de la jubilación sino desde que se inicia la etapa laboral.
Juzgar y envidiar a las y los compañeros jubilados por su régimen de jubilación es como renegar de la fecha en la que nacimos o del momento en el que iniciamos nuestra vida laboral, entendamos que se tratan de derechos que van cambiando, como cualquier otro, con el paso del tiempo y que si se pierden se debe a la pasividad e indiferencia de las nuevas generaciones, por lo que envidiar a los que tienen mejores condiciones de jubilación nos debería de llamar a luchar por no perder derechos en lugar de querer que quienes los tienen los pierdan, pero esa es la naturaleza humana.
Sin embargo, estas líneas no pretenden abrir la discusión sobre el modelo de jubilación, sino en ser la voz de aquellos que están atravesando por una situación de maltrato, discriminación y abuso en su trámite de jubilación ante la Universidad Autónoma de Zacatecas.
No es una ni dos personas las que manifiestan que el proceso de jubilación en la UAZ es, además de engorroso, un trámite que se convierte en un escuchar reclamos y reproches de quienes, debido a su fecha de ingreso a laboral, les acusan de una supuesta situación de privilegio en la que se encuentran quienes se pueden jubilar de manera medianamente digna.
Uno de los primeros grandes problemas, que no es para nada novedoso, es la muy por demás obesa burocracia administrativa con la que se tiene que tratar para ese trámite, es pasar de ventanilla en ventanilla, de oficina en oficina, para que se pasen la bolita unos a otros y un trámite que otras instituciones puede durar días, en la UAZ se convierte en un tema de semanas, en ocasiones meses.
Un cálculo lo repiten una y otra vez y siempre con resultados distintos, la mayoría de las veces perjudicando los derechos de las personas que pretenden ejercer su derecho a la jubilación.
Un funcionario dice que no hay problema y otro dice que siempre si, con el mismo trámite, con el mismo oficio, porque simple y sencillamente pareciera que hacen un favor, cuando en realidad, están haciendo un trabajo para el que se les paga.
Que si venga mañana, que si mejor otro día, que si hoy no hay sistema o que mejor después, unos dicen no se vaya mejor quédese, porque va a perder todo, otros si mejor ya váyase a que se queda y lo que debería ser un trámite simple, se convierte en un calvario porque quienes deberían de simplificar el proceso simplemente lo complican más.
Pero el responsable sigue siendo aquel que piensa que ocupa un puesto para servirse de él y no para servir en él.
Y a pesar de la ineficiencia, esa burocracia excesiva universitaria sigue cobrando, sigue abusando y sigue demostrando que son intocables, mientras los que realizamos las labores sustantivas de la UAZ seguimos siendo amenazados constantemente con la llegada del lobo. Pero solo llegará para nosotros, porque esos que gozan de su puesto de “poder” piensan que nunca se les va a terminar.
