ZACATECAS. La historia volvió a ocupar su sitio en el antiguo ruedo. A 160 años de su inauguración, la Plaza de Toros San Pedro, hoy convertida en el Hotel Quinta Real Zacatecas, fue escenario de una cena conmemorativa que reunió a personalidades, empresarios, integrantes de peñas, aficionados y taurinos de cepa para celebrar la vigencia de uno de los inmuebles más representativos de la ciudad.
La noche tuvo un marcado carácter taurino. Entre quienes acudieron se encontraron distintas generaciones vinculadas a la Fiesta, personajes que han acompañado su desarrollo en Zacatecas y representantes de sectores empresariales y culturales, en un encuentro que permitió dimensionar lo que San Pedro ha significado durante más de siglo y medio.
ENCUENTRO DIRECTO CON LA HISTORIA
El periodista Guillermo Ortega condujo parte del recorrido histórico de la velada y recordó que fue en septiembre de 1866 cuando la Plaza de Toros San Pedro abrió sus puertas. Desde entonces, sus muros de cantera fueron testigos de distintas épocas de Zacatecas y del paso de importantes figuras del toreo.
La tauromaquia fue durante décadas la razón de ser de este espacio. Su ruedo y sus tendidos formaron parte de la vida social de la capital zacatecana hasta 1975, cuando se celebró la última corrida de toros antes de comenzar un proceso que terminaría por otorgarle una nueva vocación al inmueble.
Uno de los momentos centrales de la celebración fue la proyección de un video que recorrió distintas etapas de la Plaza de Toros San Pedro, desde su pasado como coso taurino hasta la extraordinaria transformación arquitectónica que permitió convertirla en el actual Hotel Quinta Real, conservando elementos esenciales de su construcción original.
Las imágenes provocaron un encuentro directo con la historia: el ruedo, los tendidos, los arcos y la cantera fueron mostrando el tránsito de una plaza que dejó de celebrar corridas, pero que consiguió sobrevivir a su tiempo sin perder los rasgos que permiten reconocer inmediatamente su origen.
En ese proceso, la figura del empresario José Aguirre Campos, actual propietario del inmueble, adquiere especial relevancia. Su participación ha sido pieza clave para impulsar una etapa en la que el valor comercial del espacio convive con una intención clara de preservar y proyectar su dimensión histórica y cultural.
La conmemoración de los 160 años se inscribe precisamente en esa visión: recuperar la historia de San Pedro, abrirla nuevamente a la sociedad zacatecana y reconocer el peso que la tauromaquia tuvo en la construcción de la identidad del inmueble.
160 AÑOS DE MEMORIA VIVA
Durante su intervención, Guillermo Ortega puso acento en la capacidad que tienen determinados edificios para transformarse sin perder aquello que los identifica. San Pedro es uno de ellos. La antigua plaza encontró otro destino, pero conservó el ruedo, las arcadas, los tendidos y la cantera como testimonios visibles de su pasado.
“Esta noche no celebramos únicamente 160 años de un inmueble. Celebramos 160 años de memoria viva; una memoria que ha sabido transformarse sin renunciar a sus raíces”, señaló el periodista.
La frase encontró correspondencia en una cena donde coincidieron empresarios, peñas, aficionados y hombres y mujeres profundamente ligados a la tauromaquia. No se trató solamente de mirar fotografías antiguas o recordar nombres y fechas, sino de reconocer la importancia que tuvo la Plaza de Toros San Pedro dentro de la vida zacatecana.
Hoy, convertida en uno de los espacios hoteleros más singulares de México, su arquitectura continúa revelando inmediatamente aquello que fue. El antiguo ruedo permanece como corazón del inmueble y los tendidos y arcos permiten leer todavía la estructura del viejo coso.
La celebración de los 160 años de la Plaza de Toros San Pedro puso frente a frente esas dos épocas. La de una plaza construida para el toreo y la de un edificio que encontró una segunda vida sin borrar las señales de la primera.
En medio de sus muros de cantera, la cena reunió precisamente a quienes entienden esa dimensión: taurinos, empresarios, aficionados, peñas y personalidades que acudieron no solo a celebrar una fecha, sino a reconocer la permanencia de un espacio inseparable de la historia de Zacatecas.

