ZACATECAS. Entre el aroma del queso fresco, la piña, la cajeta y la masa recién horneada transcurre la rutina de la familia Mayorga García, que encontró en la panadería una forma de construir su negocio: Pay de Luna. Este emprendimiento comenzó de manera casi accidental en casa hasta convertirse en un establecimiento especializado en este postre y otros productos de repostería.
La historia inicia con Juan Mayorga Ríos en el oficio de panadero, una tradición que heredó de su familia materna prácticamente desde que terminó la secundaria.
“Yo vengo de familia de panaderos por parte de mi mamá. Desde que salí de la secundaria me fui a trabajar de panadero y ya son casi 40 años. Con el paso del tiempo y con la experiencia, se va enseñando a uno un poquito de todo”, relató Juan Mayorga.
Sin embargo, el camino que llevó a la familia Mayorga García a especializarse en los pays no comenzó con un gran establecimiento ni con un plan empresarial, sino en casa. Mientras Juan Mayorga se dedicaba a trabajar en una panadería, su esposa e hijos preparaban pays de queso de forma casera para vender por pedido a amigos y familiares.
DE LA COCINA EN CASA AL NEGOCIO
La aceptación de aquellos primeros productos hizo que la familia encontrara una oportunidad. Poco a poco, la elaboración dejó de ser una actividad ocasional para convertirse en una ocupación de tiempo completo.
“Fue pura casualidad. Yo tenía una panadería y, lamentablemente, la tuve que dejar, pero mi esposa y mis hijos hacían pay de queso ahí en la casa para vender. Ellos dijeron: ‘nosotros nos quedamos con esto’ y empezaron a hacer pays ahí en la casa, en el horno que teníamos”, recordó Juan Mayorga.
La producción comenzó con un horno pequeño de cuatro charolas, pero al aumentar los pedidos llegó la necesidad de adquirir uno de mayor capacidad hasta alcanzar un equipo de nueve charolas.
Este crecimiento obligó a buscar un espacio distinto, pues la cocina en casa se volvió insuficiente para atender la demanda. Así nació el establecimiento donde actualmente elaboran sus productos, conservando una característica que forma parte de su esencia: el carácter familiar.
El nombre del establecimiento también tiene una historia particular. Juan Mayorga compartió que sus hijos comenzaron a buscar una identidad para el negocio.
Después de considerar distintas opciones y descubrir que algunos nombres ya estaban registrados, finalmente surgió la idea de Pay de Luna, que con el tiempo terminó identificando a la familia y a sus productos.
EL PAY QUE SE GANÓ AL PÚBLICO
La jornada en Pay de Luna arranca desde temprano a las seis de la mañana, cuando se ponen en marcha los hornos que durante las siguientes horas se convierten en el centro de una rutina que combina experiencia, paciencia y trabajo familiar.
Para las 10 u 11 de la mañana, gran parte de los productos está lista para comenzar su recorrido hasta la mesa de los clientes, que disfrutan de un sabor aprendido durante décadas.
El pay de queso es uno de los productos que identifica a este negocio y el más solicitado por sus clientes. Su preparación parte del queso fresco, aunque la familia también ha ampliado el menú con sabores como piña, cajeta y otras variedades que surgen de los pedidos de sus clientes.
Los pays no son lo único que sale de los hornos de Pay de Luna. En diferentes temporadas también se ofrecen polvorones, cochinitos, campechanas, empanadas de atún, pan de muerto y roscas de Reyes. A ello se suman pedidos especiales recibidos a lo largo del año.
Actualmente, Pay de Luna se encuentra en la calle Miguel Chávez 88 en la colonia La Pinta, aunque la mayoría de sus productos se entregan a domicilio. Los pedidos pueden realizarse a través de sus redes sociales en Facebook e Instagram, mientras que Juan Mayorga García mantiene contacto con sus clientes mediante TikTok.
Después de casi 40 años entre masas, hornos y recetas, Juan Mallorga no habla solamente de una profesión, sino de un oficio que aprendió desde joven y que terminó compartiendo con su esposa e hijos. La historia que comenzó con unos cuantos pays hechos en casa hoy continúa creciendo, con el mismo ingrediente que acompañó a la familia desde el principio: el gusto por hacer pan.

