Patricia Vázquez, amar jugando
He leído dos de los poemarios de Patricia Vázquez (Aguascalientes, 1985) La novela de las mujeres murciélago y Futbol llanero (ambos en Espina dorsal, 2022 y 2024). Luego de la lectura, en libros impresos, procuré más de una escritora que ubica su hacer en la “poesía lésbica”. Pero esa seña no es el gancho, la obra me atrajo por las formas de decir y por los contenidos sobre el amor, los cuerpos femeninos y las disidencias que expone.
Los poemas en Futbol llanero y La novela de las mujeres murciélago no son extensos, tampoco son de una sola unidad. Están dispuestos en apartados definidos, sea en los tiempos del juego y fuera de la cancha llanera, o en la presentación de las contrincantes y la “lucha” de mujeres. Son versos libres, algunas veces con predominio de la primera persona sobre la tercera.
El ritmo es sobrio, pero describe para indicar y seducir al lector e implícitamente al tercer personaje: “y yo seguía ayudándote a descubrir / el lenguaje del cuerpo/ a través de las jugadas de mi media cancha [Futbol].” “Era un juego articulado/ para tocar la lona y el cielo/ al mismo tiempo/ eran dos mujeres jugando a la geometría/ de los cuerpos en el aire [La novela]”.
Patricia hace con su obra un manifiesto poético contra lo normado: mujeres futbolistas, amateur y profesionales; igual en la lucha libre, “técnicas y rudas”. No dice como aficionada para justificar la intromisión y libertad del cuerpo femenino, sino como persona que sabe de “la primera luchadora mexicana: sombrero de charro” y traza su autobiografía con los mundiales, de Estados Unidos a Japón. Reiteraré: los deportes no son la cortada para amar, por el contrario, con la práctica fue optando, decidiendo su elección e ir amando.
Los poemas no reseñan los deportes, sino con conocimiento de ellos hace poesía; descubre en el ejercicio el sentir consciente del cuerpo y los enamoramientos femeninos sin remordimiento ni “temor a Dios”. Parte de las disidencias visibles están en hacer juegos otrora exclusivos de hombres. Ella, ellas, lo practican porque pueden y les gustan. Lo hacen en condiciones llaneras o enfrentamiento directo. Patricia dice en Finta: “Temías al lenguaje de tu cuerpo/ a buscarme en todas las jugadas/ y te quedabas seria/ y pedías el cambio/ al otro lado de la cancha [Futbol].” “Las manos aún sin despegarse/ bajan hasta la cintura/ y sienten la respiración de la otra/ y los labios de su boca oscura/. En la línea del ecuador/ son manos unidas/ juegan a detener el aire [La novela]”.
RECONOCIMIENTO A ARMANDO ADAME
El mes pasado (15-19 de julio), se realizaron las 29 jornadas dedicadas al poeta Ramón López Velarde. En ellas ocurrió lo de siempre —poetas leyendo su obra, exposiciones de ensayistas, presentación del libro anual sobre el jerezano y premiación a un escritor—.
Esta ocasión hubo una novedad: el homenaje al maestro Armando Adame Domínguez (San Luis Potosí, 1948). Este acto, me parece, era necesario y justo, el escritor potosino estuvo en el grupo universitario que impulsó y sostuvo el Festival de Poesía Praxis-Dosfilos (1982) y los sucesivos festivales de Poesía Ramón López Velarde (1988) y el Internacional de Poesía (2007).
Parte de sus participaciones poéticas y velardeanas fueron publicadas en la revista Dosfilos. Anoto dos alicientes de la trayectoria del maestro Adame, durante su fase zacatecana dirigió el primigenio suplemento cultural El Unicornio, ello en la década de 1990. Paralelo, publicó en las revistas literarias de la época: Tierraadentro, Letras Potosinas, Plural, La Jornada Semanal. Sobre el jerezano hizo selección y presentación de obra en Una música íntima (Ponciano Arriaga, 2011, 2017) y Renglones líricos y obsequios de Ponce (Ponciano Arriaga, 2013). No se ignora que ha dirigido la editorial Ponciano Arriaga, de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí y la mítica Casa Ramón López Velarde de aquella entidad.
Por cierto, casi todos los participantes en las 29 jornadas son activos opositores a la conversión de la Casa del Poeta de la capital del país, en cabaret. Acá en Zacatecas-Jerez los organizadores, jurados, escritores, moderadores y actor, no manifestaron alguna oposición al tema, se comportaron muy orgánicos y con alto mutis.
POSDATA
El centenario del inicio de la cristiada —rebelión armada contra el gobierno y algunas leyes federales (1926-1929)— está ausente en el debate público de la comarca. La única que le va poniendo atención es la Iglesia, lo hace en templos, publicidades parroquiales y alusiones en sus labores pastorales. Quién sabe en qué andarán los cronistas y los colaboradores orgánicos que de un tiempo acá monopolizan la divulgación histórica.
