Los Halconazos no se olvidan, la sociedad molesta
Cuando el karma te salva. En las movilizaciones del 68 a mis 14 años, salí a las primeras marchas, al pasar por aquellas avenidas de San Juan de Letrán y avenida Juárez, debido a que el negocio de mi padre estaba en Artículo 123; conocía amigos del montañismo politécnico y los esperaba para unirme a la protesta.
De repente, en septiembre me mandan a la casa para no integrarme a las marchas. Al mes siguiente, sucedió uno de los crímenes más sangrientos que ha habido en el México reciente en la Plaza de Tlatelolco, los priístas masacraron a cientos de jóvenes que querían frenar el autoritarismo del gobierno y detener la represión policiaca y militar como había sucedido contra los maestros, ferrocarrileros y médicos.
Como era costumbre, en el inicio de la etapa negra de los gobiernos priístas, el autoritarismo del gobierno de Nuevo León, al frente del gobierno, Eduardo Elizondo Lozano, quien promulgó el 26 de marzo de 1971 una nueva ley que suprimía la autonomía. Esta ley impuso una estructura universitaria (la “Asamblea Popular”) que fue rechazada por los universitarios, al considerarla una imposición antidemocrática.
Las acciones de profesores y estudiantes en contra de la imposición provocaron represión del gobierno del estado con el visto bueno del gobierno de Luis Echeverría.
La solidaridad de instituciones educativas con mayor fortaleza social como el Politécnico y la UNAM, planean una marcha en apoyo al movimiento de los universitarios de Nuevo León exigiendo democracia, libertad de presos políticos y la democratización de la enseñanza.
Recordemos que aún estaban presos líderes del movimiento de 68, también fue una exigencia de los estudiantes.
El gobierno de Echeverría, veladamente, estaba preparando grupos paramilitares con personal militar, con jóvenes reclutados en aquellas partes de la ciudad marginada, llamados los “Halcones”.
Recuerdo que ya estaba en la carrera de geólogo en el IPN, entre mis amigos había unos de fuerte convicción social, al extremo de que no medían consecuencias, por lo que discutí con mi amigo Alfredo Sereno, miembro del Comité de Lucha de la Escuela Superior de Ingeniería y Arquitectura, le decía que había gran posibilidad de que la represión fuera muy violenta, él decidió ir, por suerte, salió vivo.
A pesar de la palabra de Echeverría de que en su sexenio no habría represión, el 10 de junio de 1971, la manifestación fue reprimida salvajemente por el grupo paramilitar de “Los Halcones”, hecho conocido como el Halconazo o la Matanza del Jueves de Corpus.
La marcha había iniciado en las inmediaciones de San Cosme cerca del Casco de Santo Tomás. De inmediato, bajaron de camiones grises, apostados en las inmediaciones de San Cosme y rodearon a la movilización, mientras golpeaban salvajemente a todo estudiante que se pusiera a su paso. Al grito de “¡Viva el Che Guevara!” el grupo paramilitar descargó balas calibre 45 y carabinas 30 M-2 sobre los manifestantes, quienes intentaron refugiarse inútilmente en las escuelas aledañas.
El ataque resultó en la muerte de al menos 120 personas (según cifras de la época) y la desaparición de muchos otros. Fue la primera gran movilización estudiantil después de la matanza de Tlatelolco en 1968, resultando tan sangrienta como la de 1968.
Por cierto, los medios informativos desvirtuaron los hechos y justificaron las acciones de los priístas, ante la amenaza comunista.
Así gobernaba el PRI de “Alito”, que, con el mayor cinismo, dice que ellos sí saben gobernar, más bien asesinar a quienes se manifiesten contra su forma de gobernar.
Hoy, la represión está contenida, a pesar de grupos de provocadores que se filtran en los auténticos movimientos sociales como la de la lucha feminista, parientes de desaparecidos y ahora en la de los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).
Las declaraciones de Salinas Pliego de actuar violentamente y la intervención de la Central de Inteligencia (CIA), debe poner en alerta a la ciudadanía de no regresar a ese pasado de saqueo y represión que ha dañado a los ciudadanos mexicanos.
Los avances en mejorar sus condiciones de vida, principalmente con aumentos salariales hasta los apoyos para llegar a equilibrios en alimentación, vivienda, educación y salud, que estaban fuertemente deprimidas con los gobiernos priístas y panistas.
Defender la democracia es evitar el retroceso en nuestro bienestar, es una lucha que debemos continuar.
