Pareciera que la sociedad primero se hace experta en decir bonito lo feo antes de querer cambiarlo
Dice el buscador que una oportunidad es un momento que resulta favorable para iniciar un proyecto, mejorar o alcanzar una meta. Al parecer, tener una oportunidad implica poder elegir, o dicho más bonito, discernir.
Los expertos en encontrar formas bonitas de decir cosas feas decidieron llamarle “áreas de oportunidad” a lo que en otros tiempos se decía deficiencias, fallas o errores porque, según otros expertos, pero en optimismo, todo error siempre es una oportunidad para mejorar todo lo que sea mejorable. Pareciera que la sociedad primero se hace experta en decir bonito lo feo antes de querer cambiarlo.
Dicen que las oportunidades no suelen llamar dos veces, o en todo caso no en la misma puerta, entonces habría que aprovechar cuando se dejen ver o incluso mejor, buscarlas. Un sinfín de frases optimistas ha plagado Internet para quienes gustan encontrar fácilmente más frases que posibilidades para aplicarlas.
Lo difícil, quizás, siga siendo que se presenten las ocasiones para que la sociedad en general tenga oportunidad de resolver esos problemas que aparecen cíclicamente y nunca terminan.
A los que aprovechan las circunstancias por encima de todo les dicen oportunistas y son esos que sacan provecho de casi cualquier cosa, aunque implique menguarles oportunidades a otros. Los políticos, por ejemplo, dejaron de ser expertos en asuntos públicos para convertirse en expertos en aprovechar oportunidades para salir de la pobreza, empezando por supuesto por la propia.
El problema es que oportunistas hay muchos y siempre, siempre están esperando tener chance de echar a andar su oportunismo a costa de lo que sea.
El asunto preocupante es que quizás todos lleven un potencial oportunista por dentro, la cosa nomás es tener oportunidad de enterarse. En tiempos de competir por todo, ya a nadie le parece deplorable poner sus intereses por encima de los otros porque eso es tener verdadera visión de tiburón en el mercado de ocasiones.
Dar mordidas también es encontrar oportunidades donde nadie antes había visto. Ser oportunista también consiste en aparentar que no se es y hacer como si nadie se enterara. Los tiburones no saben que son ejemplos de vida para una sociedad más bien próxima a los simpáticos changuitos.
Para que haya oportunidades, además de ponerle así a un programa gubernamental, hay que aprender a distinguirlas. Los oportunistas persiguen siempre la máxima ganancia con la menor inversión, son algo así como expertos en mercantilizarlo todo, incluyéndose por supuesto a sí mismos.
Todos los oportunistas tienen precio, nomás es cuestión de aproximarse a la cifra conveniente para que se conviertan en su propia mercancía. Y bueno, cualquiera vende su fuerza de trabajo al mejor postor, o de perdido, lo intenta.
Nadie dejaría ir la oportunidad de ganar más por hacer menos. Aunque eso incluya disimular ideales, convicciones o intereses altruistas para aparentar que no se chambea por dinero, mientras más se gane haciendo menos, mejor.
En una sociedad de gente obsesionada con convertirse en tiburones, las oportunidades se persiguen permanentemente, algo así como trabajar 24/7 como inversionista en un mercado de ocasión.
Y si finjo ser un luchador social, o qué tal que le grito improperios al gobierno e insulto a los gobernantes en turno para parecer muy rudo y dar miedo como un tiburón.
Qué tal que vandalizo paredes o destruyo edificios públicos para que así se vea todo el odio que le tengo a los malditos oportunistas que no son yo. ¿Pareceré mal educado si les enseño los dientes y les saco la lengua a los demás tiburones?
A todos les llega su oportunidad, o a casi todos, porque algunos se conforman con ver la vida pasar a lo lejos. Son actores de reparto en una película que protagoniza alguien más, quizás alguno de esos oportunistas que no quieren más vacaciones ni cuestionan la calidad educativa porque hacerlo es de mala educación.
La solución está en aprender a distinguir los momentos favorables para iniciar un proyecto, alcanzar una meta o de perdido aprender a discernir y tener la oportunidad de dejar ir, de vez en cuando, alguna que otra oportunidad.
Se trata de adaptar la conducta y adaptar los principios, se trata de permanecer sabiéndose aprovechar todo lo posible o al menos, eso dice el buscador.
COLUMNA: EL SUEÑO DE LA RAZÓN
AUTOR: Israel Álvarez
CABEZA: Áreas de oportunismo o tiburones de ocasión
