La dignidad humana como pilar esencial en la procuración de justicia.
En toda sociedad democrática, la procuración de justicia constituye una de las funciones más delicadas y trascendentes del Estado. No se trata únicamente de investigar delitos o judicializar carpetas de investigación, se trata, ante todo, de proteger a las personas. En ese contexto, la dignidad humana se erige como el principio rector que orienta cada actuación institucional.
Para la Fiscalía General de Justicia del Estado de Zacatecas, encabezada por el Maestro Cristian Paul Camacho Osnaya, la dignidad humana no es un concepto retórico. Es el eje que debe guiar el actuar cotidiano del Ministerio Público, de la Policía de Investigación y de los servicios periciales.
Toda acción emprendida por esta institución debe estar trazada desde el respeto irrestricto a los Derechos Humanos, reconociendo que cada persona involucrada en un proceso penal —víctima, imputado, testigo o familiar— es titular de derechos que el Estado está obligado a proteger.
Uno de los ámbitos donde la dignidad humana adquiere mayor relevancia es en la atención a víctimas del delito. Quien acude a denunciar suele hacerlo en condiciones de vulnerabilidad emocional, psicológica e incluso física. Ha sufrido una agresión, una pérdida o una afectación profunda en su esfera personal. En ese momento, el primer contacto institucional es determinante.
El trato digno implica escuchar con empatía, evitar cuestionamientos revictimizantes, brindar información clara sobre los derechos que asisten a la víctima y acompañar el proceso con sensibilidad. Implica también garantizar medidas de protección cuando sea necesario y asegurar que su participación en el procedimiento no represente un nuevo sufrimiento. La dignidad exige que la víctima no sea reducida a un número de carpeta de investigación, sino reconocida como persona con historia, familia, expectativas y derechos. La justicia debe procurar la reparación del daño, pero también la restauración simbólica de su condición de sujeto pleno de derechos.
El respeto a la dignidad humana no se limita a la atención de víctimas. También se proyecta hacia las personas investigadas. El sistema penal acusatorio se construye sobre principios como la presunción de inocencia, el debido proceso y el derecho a una defensa adecuada.
Estos principios no son obstáculos para la justicia, son garantías que la legitiman. La firmeza en la aplicación de la norma no está reñida con el respeto. Por el contrario, solo una actuación respetuosa puede generar resoluciones sólidas y sostenibles.
La prohibición absoluta de la tortura y de los tratos crueles, inhumanos o degradantes es una manifestación concreta de este compromiso. No existe circunstancia que justifique la vulneración de la integridad física o psicológica de una persona. La búsqueda de la verdad debe realizarse mediante técnicas legales, científicas y profesionales, nunca mediante la violencia o la intimidación.
Hablar de dignidad humana en la procuración de justicia implica también promover una cultura institucional basada en valores. La capacitación constante en derechos humanos, perspectiva de género, atención a grupos en situación de vulnerabilidad y estándares internacionales fortalece el desempeño del personal ministerial y pericial.
Asimismo, la dignidad humana exige combatir cualquier forma de discriminación. El acceso a la justicia debe ser igual para todas las personas, sin distinción de género, edad, condición económica, origen étnico, orientación sexual o discapacidad. Una institución que discrimina pierde legitimidad; una institución que respeta fortalece el Estado de Derecho.
La sociedad demanda resultados: investigaciones eficaces, procesos ágiles y sanciones cuando la ley así lo determine. Sin embargo, la eficacia no puede desligarse de la ética. La verdadera fortaleza de una Fiscalía no radica únicamente en el número de judicializaciones o sentencias obtenidas, sino en la calidad y legalidad de sus actuaciones.
Cuando la dignidad humana se convierte en el eje rector de la procuración de justicia, se envía un mensaje claro: la ley se aplica con firmeza, pero nunca sin humanidad. Cada carpeta de investigación representa un conflicto humano que debe ser abordado con profesionalismo y sensibilidad.
En última instancia, la dignidad humana no sólo fundamenta los derechos, también sostiene la confianza ciudadana. Una institución que actúa con respeto genera legitimidad. Y la legitimidad es el cimiento indispensable para consolidar una justicia cercana, transparente y verdaderamente comprometida con la sociedad. Porque proteger la ley es importante, pero proteger la dignidad de las personas es esencial.
*Fiscal Especializado de Derechos Humanos, Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes
