Lo intenso (y canallesco) en redes sociales
Cuando apareció la película Red Social (2010), pudimos apreciar varias cosas implícitas en el libreto que llevó a la película a ser considerada un referente en cuanto a la vinculación de personajes de la vida real con biografías cinematográficas “en vida” y también a desarrollar una perspectiva de lo vivido en cuanto a una matización más dramática que soportara un esfuerzo de cine, más allá de lo que se podía plasmar en una obra literaria.
Así pues, la “personalización” activa a través de la vida y hechos entorno al protagonista -una parte biográfica, un momento reciente y elementos de una vida “ordinaria”- así como un libreto, interpretación de la historia y materialización de un “espíritu emprendedor” u originador de un cambio social para unos pocos y después para el mundo entero, nos dio una serie de elementos para comprender como algo “creado” con una “función original” ahora es tiene otras connotaciones.
La película nos mostró un mundo en el que el personaje principal desarrolla un gusto por la tecnología y la programación, elementos a partir de los cuales comienza a desarrollar un esfuerzo que culminaría en un mecanismo cibernético por medio del cual las personas se podrían conectar o enlazar, aunque no se conocieran entre sí “personalmente”, pero que implicaba una interacción.
Quienes tenemos una cierta edad y nos ha tocado transitar generacionalmente en diferentes parteaguas de la vida local, nacional e internacional, así como en diferentes momentos que han sacudido a la humanidad por la incidencia histórica de lo vivido vinculado a la tecnología, me parece que podemos tener un punto de referencia respecto de cómo llegaron y cómo se han enraizado las redes sociales digitales en nuestro día a día. En la primaria me tocaron unos “chismógrafos” en una libreta, ahora son “redes sociales”.
Entonces, hay redes sociales que pasaron de ser un mero elemento de integración entre personas a través de afinidades, gustos, pasiones, anhelos y hasta sueños, a ser escenarios que se traducen en verdaderos campos de batalla en donde prevalece el lodo entre los frentes crece disputan un terreno en particular, ya sea por llamar la atención o por imponer un patrón.
En la actualidad, si pensamos en que lo que menciono como “un terreno en particular“ se traduce en un espacio de poder público, las redes sociales se convierten en el ring sobre el cual los luchadores se vuelcan en una pelea campal que pareciera no tener reglas, escrúpulos, límites, moralidad, ética u otra serie de circunstancias, que podrían anteponer la sensatez de tomar una posición responsable que permita a los espectadores tener un punto de inflexión sano, a través del cual puedan inclinarse por tal o cual preferencia.
Lamentablemente, hasta el día de hoy la naturaleza de los espacios en redes sociales han permitido que diferentes individuos o grupos, desde el anonimato y en un amplio uso de la cobardía que la sombra de ese incógnito se proyecta, puedan hacer uso de distintos elementos tecnológicos (algo que ha facilitado en demasiado la Inteligencia Artificial) para abusar y, con ello, pretenden incidir en el ánimo de una elección o determinación, no en una actividad de mercadotecnia en la que se puedan engrandecer las virtudes de un determinado producto o servicio, sino más en una estrategia en la cual se trata de engrandecer errores, defectos o cosas similares de un competidor. O sea, mejor atacar que proponer.
Lo preocupante es que el tema llega a niveles entre lo absurdo y lo terrorífico, al manipular de forma realmente perversa y dolosa imágenes, textos, dichos, contextos y demás elementos comunicacionales, con el propósito de aplastar a toda costa a todo aquello que signifique una perspectiva contraria a lo que una ambición de poder o espacio público está impulsando.
Pero más preocupante aún es que, salvo su mejor opinión, pareciera que estamos en pañales en cuanto a estar en condiciones de preparación o nivel político, legal, social o psicológico para saber discernir entre todo aquello que se combina para que, ante el fin maquiavélico que persiguen algunos actores de lo público, podamos tener y usar herramientas para limitar todo ese veneno que supura por quienes saben utilizar las redes sociales para sembrar coraje, envidia, discordia u odio.
*Doctor en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Administración Pública, UNAM
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