FRESNILLO. En el corazón de Fresnillo hay una casona antigua en cuyos cuartos hay una mesa dispuesta para todo cliente en busca de un desayuno bien preparado, ya sea unos chilaquiles bañados en salsa levanta muertos, un omelette con jamón, tocino o champiñones o hasta unas enchiladas suizas de queso o pollo. Su nombre es Gelos y Silvia Mendoza Sánchez es su propietaria.
Entre los fresnillenses, este restaurante ha prosperado satisfactoriamente hasta hacer de la calle Nuevo León, esquina con la calle Mina, un punto concurrido por el sabor casero y el ambiente acogedor, sin dejar de lado la propuesta innovadora que aguarda entre sus paredes.
UN NEGOCIO DE PANDEMIA
Silvia Mendoza narró que este negocio nació en uno de los momentos más difíciles para muchas familias: la pandemia por la Covid 19. “Somos literalmente un negocio de pandemia”.
Antes de ello, sui familia administraba cafeterías en universidades y bachilleratos, pero el cierre de escuelas los dejó sin una fuente de ingresos. “El gasto no espera, los hijos siguen estudiando y tuvimos que buscar otra manera de salir adelante”.
La oportunidad surgió cuando decidieron habilitar una casa antigua como restaurante. En su etapa inicial, el servicio era únicamente a domicilio, apoyándose en la demanda de la comunidad durante el confinamiento.
Sin embargo, con el paso de los meses y restricciones más flexibles, abrieron las puertas al público bajo un concepto peculiar: una mesa por habitación, respetando el diseño original de la vivienda. Ese detalle, destacó Mendoza, se convirtió en el sello distintivo del lugar.
“Mi ilusión siempre fue tener un espacio acogedor donde las familias pudieran sentir que entran a una casa, no a un restaurante. Que se sentaran en confianza, con sazón casero y buena atención”, explicó.
TRADICIÓN
Gelos es reconocido por ofrecer desayunos tradicionales que incluyen desde huevos estrellados con salsa, flautas, desayunos light o vegetarianos, hasta la especialidad de la casa: los chilaquiles.
Estos últimos son preparados con distintas salsas y recetas heredadas por su madre, cuyos sabores logró preservar. “Todos los chilaquiles se venden por igual; no hay uno favorito porque cada día se piden de todos”.
El café de olla y el pan dulce también son muy solicitados entre los clientes asiduos, quienes consideran que los precios son accesibles en comparación con la calidad y cantidad de los alimentos. “Nadie se ha quejado. Dicen que, si un café cuesta un poco más, pero está rico, vale la pena”, aseguró la propietaria.
Silvia destacó que en Gelos no existe distinción al momento de atender: “Aquí atendemos a nuestros clientes por igual”.
El restaurante ofrece únicamente desayunos de las 8:30 a las 13:30 horas, aunque su propietaria afirmó que permanecen en el lugar hasta que se retira el último comensal.

