La caída y asesinato de un caudillo político zacatecano
En noviembre se cumple un aniversario más de la caída y asesinato de un extraordinario caudillo político y militar zacatecano que se opuso a la reelección presidencial, primero, de Benito Juárez y luego de su compadre Porfirio Díaz.
Ese excepcional zacatecano inscrito, con justicia, en las páginas de la historia nacional, es el general J. Trinidad García de la Cadena quien, por oponerse a la reelección presidencial indefinida de Porfirio Diaz, fue mandado asesinar, hecho que se concretó el 1 de noviembre de 1886, hace 139 años.
Las crónicas de la época manejan al menos una de dos formas en que fue ultimado el insigne general zacatecano: la primera narra que se le aplicó la Ley Fuga y cayó de varios balazos en la cabeza y el cuerpo, disparados por elementos del ejército; y la segunda, que fue fusilado y su cuerpo enterrado en la hacienda La Gruñidora, en Mazapil.
Trinidad García de la Cadena, insigne liberal mexicano del siglo 19, en su dimensión de político de la época, estuvo motivado, siempre, por los principios democráticos de “sufragio efectivo, no reelección”. No faltó quien lo calificara de “loco soñador” o como cacique zacatecano.
Su trayectoria es realmente impresionante: participó en el Plan de Ayutla (1854), como gran opositor a la dictadura de Antonio López de Santa Anna; intervino en La Guerra de Reforma; en 1871 auspició el Plan de la Noria, en contra de la reelección de Benito Juárez; y se sumó al Plan de Tuxtepec, para derrocar a Lerdo de Tejada y en apoyo de Porfirio Díaz.
Como general patriota mexicano defendió a la nación en contra de la intervención norteamericana y la invasión francesa. Fue gobernador de Zacatecas, pero también de Aguascalientes.
La vida de García de la Cadena, como caudillo político y militar, de sus grandes hazañas, trascendió en su etapa final de la amistad entrañable, de la confianza y los afectos con Porfirio Diaz, a su rivalidad y confrontación irreconciliable, que lo condujo incluso a la muerte, por la vía del exterminio y el asesinato político.
Esta vida ejemplar de un gran zacatecano, deja una enorme enseñanza en la historia: la existencia de un caudillo o cacique nacional, regional o estatal, permanece hasta que el poder del presidente de la República en turno, lo permite y tolera.
La fuerza del sistema presidencialista dictatorial de Porfirio Díaz operó y conspiró en contra de la vida del general J. Trinidad García de la Cadena, lo que condujo a su eliminación y asesinato. Ya no servía al régimen y, al contrario, ya se constituía en un evidente peligro.
Porfirio Díaz, si en algún político mexicano tenía temor, por su inteligencia y osadía, era precisamente en el general zacatecano J. Trinidad García de la Cadena. Por ese motivo ordenó su muerte.
Y la estructura del gobierno del dictador Porfirio Díaz operó como una maquinaria implacable de muerte en contra de García de la Cadena.
A MATARLO EN CALIENTE
El dictador Porfirio Diaz ordenó a Jesús Aréchiga, quien fue gobernador de Zacatecas de 1880 a 1900, ejecutar la conjura de muerte. Sin embargo, se resistió hasta donde pudo, en razón de que García de la Cadena, había sido su maestro y padrino político, quien en parte contribuyó a encumbrarlo en el poder público.
El gobernador Aréchiga delegó esa responsabilidad de la ejecución de muerte, en Atenógenes Llamas, jefe político en Zacatecas y adversario de García de la Cadena, quien concretó la orden con beneplácito y gusto.
Atenógenes persiguió y aprehendió a García de la Cadena en el norte zacatecano al viajar en una carreta en el municipio de Mazapil y se le aplicó la Ley Fuga. Se le disparó un balazo en la cabeza y otros más en el cuerpo. Se le dejó desnudo y se le despojó de onzas de oro y cadenas que portaba. Esa es una versión de su muerte.
La otra, describe que fue fusilado en la hacienda La Gruñidora, Mazapil, lugar donde inicialmente fue enterrado su cuerpo y años después trasladado a La Rotonda de las Personas Ilustres, en la capital de Zacatecas, donde yacen ahora sus restos.
