En la última semana de octubre, me detengo un instante para compartir contigo una alegría personal: este otoño se cumplen cuatro años desde que publiqué mi primera colaboración en El Diario NTR. El tiempo, ese viajero incansable, ha dejado su huella en cada palabra escrita, en cada reflexión compartida. Gracias por permanecer del otro lado leyendo, pensando, acompañando.
Tu presencia ha hecho que este trayecto valga cada letra en Tu Espacio Digital.
En estos años de escritura, hemos explorado juntos historias, visiones, tendencias e investigaciones que nos atraviesan como sociedad, hoy quiero detenerme en una que parece intangible pero que ya deja huellas visibles: el impacto ambiental de la inteligencia artificial.
En medio de algoritmos que aprenden, modelos que predicen y máquinas que simulan pensamiento, hay una realidad menos comentada: el costo ecológico de esta revolución digital.
Sí, es verdad que la inteligencia artificial ha impulsado avances notables en materia de salud, educación, transporte, industria, comercio, entretenimiento y otros tantos que podríamos referir. No obstante, este progreso vertiginoso, también impone desafíos ambientales como lo han hecho en su momento otras innovaciones tecnológicas.
El alto consumo de energía, agua y las emisiones de carbono, son algunos de los aspectos que se inscriben en esta problemática.
Con base en información publicada por la redacción del diario El País, de acuerdo con reportes internacionales, el entrenamiento y generación de imágenes con aplicaciones como ChatGPT y Gemini, puede consumir millones de litros de agua y enormes cantidades de energía eléctrica.
Al respecto, en Perú, un estudio reveló que solo la generación de imágenes con IA habría gastado 216 millones de litros de agua en 2023 (El País, 2025).
Mientras que en Colombia, Ferney Beltrán, director del centro de investigación de la Universidad ECCI, afirma que entrenar un modelo de imágenes como Stable Diffusion habría consumido alrededor de 150 kilovatios, equivalente al gasto mensual de cien hogares colombianos. Y ChatGPT llegó a requerir 1200 megavatios solo en su fase de entrenamiento (El País, 2025).
La misma fuente refiere que se suman a este consumo de energía, la gran cantidad de agua que se requiere para la producción de chips de silicio y para el enfriamiento de los equipos, así como los volúmenes incrementales de basura electrónica que se generan a partir de la reducción en la vida útil de los equipos informáticos que se vuelven obsoletos en corto tiempo producto de la misma innovación
Esta última condición, afectó significativamente a Colombia en el año 2024, puesto que se dispararon los volúmenes de residuos electrónicos al superar las 2600 toneladas.
Por otra parte, José Pablo Ortiz Partida, Director de Innovación y Colaboración de Union of Concerned Scientists, afirma que los cálculos de O’Donnell y Crownhart en un informe de MIT Technology Review muestran que una sola consulta a un pequeño modelo de texto de IA utiliza alrededor de 114 julios, aproximadamente el equivalente a hacer funcionar un microondas durante una décima de segundo.
Advierte que si bien es cierto alunas de estas cifras pueden contener imprecisiones, algo innegable es el aumento que ya se ha observado en la electricidad que los centros de datos utilizan. En 2018, los centros de datos utilizaban el 1,9% del total de electricidad consumida en Estados Unidos. En 2023, aumentó al 4,4% del consumo total de electricidad de EE. UU. y las proyecciones hasta 2028 se sitúan entre el 6,7% y el 12% . Todas estas estimaciones provienen del Informe de uso de energía de centros de datos de Estados Unidos de 2024 (The Equation, 2025).
En cuanto al consumo de agua, menciona que según un informe reciente del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley, los centros de datos de EE. UU. consumieron 66 millones de metros cúbicos de agua directamente en sus instalaciones en 2023 (The Equation, 2025).
Entre sus preocupaciones, Ortiz comenta que esta es una tendencia de crecimiento exponencial; los estudios no reflejan los usos de agua asociados a la extracción de recursos y fabricación y la mayor parte de los centros de datos están ubicados en lugares que ya sufren escasez de agua, aunado a la contaminación del aire y la degradación de la salud que ya provocan estos centros de datos.
¿Ante este escenario, qué soluciones se están planteando?
Alternativas que intentan conjuntar la creación de regulaciones y estándares ambientales, con la optimización energética y uso de energías renovables; la reducción del consumo de agua mediante sistemas de refrigeración más eficientes y la IA aplicada a la sostenibilidad.
Estas soluciones nos muestran que el futuro de la tecnología, también depende de su capacidad para convivir con el planeta sin dañarlo.
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Nos leemos pronto
