Cuatro por segundo
Al momento en que se escriben estas palabrejas, aproximadamente cada segundo nacen cuatro nuevos habitantes del orbe. No suena particularmente espectacular, pero quiere decir que mientras esto se lee, entre 12 y 16 potenciales ciudadanas o ciudadanos están incorporándose a la maravillosa posibilidad de “bien vivir”.
Claro, en el mejor de los casos. Para cuando termine el texto, rondarán el millar, aunque el número exacto siempre es lo de menos: la estadística, como la fortuna, tiene la costumbre de redondear sin sentimientos.
De esos 1 mil, si nada extraordinario sucede, casi todos alcanzarán la mayoría de edad según lo dicten las leyes del lugar que les toque en suerte. Puede ser a los 15, 18 o 21 años, dependiendo de qué tan urgente sea para la sociedad contar con cuerpos funcionales que paguen impuestos, consuman lo necesario y no hagan demasiadas preguntas. La edad adulta es, al mismo tiempo, un trámite y una condena inapelable. Todo depende del código postal y el apellido: coordenadas que no se eligen, pero que determinan también la efectividad del horóscopo.
Por fortuna, o desgracia, según se vea, algunos nacerán en los países más ricos del mundo, como vástagos de empresarios exitosos, jeques árabes o, en el peor escenario posible, políticos plurinominales sonrientes con un futuro resuelto y poco esfuerzo invertido. Ellos mismos, los nacientes, se encargarán más adelante de construir sus propios traumas, resentimientos y desgracias personales; no hay por qué compadecerles ni sufrir por ellos desde antes.
Sin embargo, lo más probable es que la mayoría llegue al mundo en destinos bastante más amolados, que es a donde suele llegar casi toda la gente. Y si tienen la dicha de nacer en México, y no se atraviesa otra pandemia, demasiadas huelgas o fenómenos meteorológicos inoportunos, nueve de cada 10 concluirán la primaria; de esos, ocho acabarán la secundaria; luego, apenas seis llegarán a la preparatoria. Y de los 1 mil originales, solo una quinta parte estudiará una carrera, porque claro, la educación es un derecho universal y constitucional, pero la realidad sigue considerando particularidades.
Si además de mexicanos son zacatecanos, y consiguen titularse tras navegar la espesa burocracia, las leyes, los sellos, las firmas y los impuestos necesarios para demostrar su educación y así poder pagar más impuestos, entonces sí podrán dedicarse a buscar empleo. Buscar, porque encontrar no es lo mismo.
Puede incluso que la fortuna les haya sonreído todavía más y hayan heredado un apellido que abra puertas y ventanas para administrar negocios familiares, obtener una regiduría, una plaza en alguna institución pública o, ya de perdido, horas en la universidad. Nada como la coincidencia de haber nacido justo donde las oportunidades no se concursan sino se heredan.
Quizás, incluso sin la bendición de haber nacido en el lugar correcto del mapa ni en la familia adecuada, algunos alcancen aquello que se llama “bien vivir”, lo que sea que eso signifique. Tal vez la meritocracia haga su magia o quizá sea el servicio profesional de carrera el que garantice que no se necesitan apellidos, compadrazgos ni demasiada suerte para alcanzar un poquito de éxito profesional.
Tal vez entre esos 1 mil metafóricos haya quienes puedan sacar puro 10 pese a todo, no como otros, y puedan ser felices sin preocuparse por el cochino dinero ni el corrompedor poder. O tal vez, como sueñan algunos marxistas, todos lleguen a ser realmente iguales en dignidad y oportunidades, siempre y cuando pasen las pruebas que ellos ponen, por supuesto, sin hacer demasiadas preguntas sobre quiénes y cómo evalúan.
Mientras tanto, la vida avanza con su elegante y absurda brutalidad. Lo cierto es que, al mismo tiempo que nacen cuatro, mueren dos. Vivir sigue teniendo como principal requisito dejar de hacerlo. Para quienes gustan de estadísticas, oficiales o no, lo de menos es cuándo, dónde o cómo suceda. Detallillos técnicos sobrantes. Dejar de vivir es uno de esos problemas que eventualmente preocupan solo a quienes ya han nacido, sin incluir a estos 1 mil metafóricos.
Con todo, al cerrar este texto, 1 mil nuevos seres humanos habrán recibido la noticia de que son libres, iguales y con un montón de oportunidades para prosperar. Lo que sí es un hecho es que al terminar esto todos los seres humanos que hayan nacido serán libres e iguales en dignidad y derechos, que mejor si nacen en México y todavía más en Zacatecas para que las constituciones federal y estatal, los tratados, códigos y leyes complementarias los reconozca y les brinden todas las oportunidades que tienen todos los potenciales nacientes metafóricos. Todos empiezan igual, cuatro por segundo, al menos según la ley, ya luego, quizás, la realidad tenga otros planes.
