Doña Josefa Ortiz Téllez
El lunes pasado se llevó a cabo la ceremonia del Grito de Independencia. Como se recalcó mucho en medios de comunicación, fue la primera vez que una mujer encabezó la ceremonia como Presidenta y comandanta de las Fuerzas Armadas. Como todas las primeras veces, la expectativa se extendió desde días antes, desde su atuendo hasta la manera en que proclamaría, ya protocolar: ¡Vivan los héroes que nos dieron patria!
Una de las cosas que llamó más la atención fue que la presidenta Claudia Sheinbaum optó por nombrar a Josefa Ortiz sin añadir el ya sabido “de Domínguez”. Esta aparentemente sencilla modificación entraña un cambio fundamental en el uso de la memoria oficial, en la que “los héroes que nos dieron patria” tienen un papel fundamental.
Desde niños aprendimos casi religiosamente la letanía nacional en los libros de texto y ceremonias cívicas: Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Ignacio Allende y, entre ellos de manera invariable, Josefa Ortiz de Domínguez. El apellido que designó su matrimonio con el corregidor Miguel Domínguez, se transmitió de generación en generación aún bajo el olvido ―en la historia de bronce― de su propio esposo.
El descolocamiento provocado por el cambio fue notorio, desde memes hasta beneplácito y descontento. El hecho no es bueno o malo en sí mismo, más bien implica una densidad simbólica importante: nombrar a una mujer por ella misma y no en función a su marido, reinscribe su autonomía en la memoria nacional.
Lo anterior también nos recuerda algo más. El filósofo francés Paul Ricoeur menciona que la memoria no es un espejo neutro del pasado, sino una reconstrucción narrativa que elaboramos desde un presente siempre cargado de los valores y/o ideologías actuales.
La memoria, dice, siempre está expuesta a una constante reinterpretación que, aunque no cambie “lo que de verdad pasó”, modifica y a veces manipula su contenido.
Es decir, que lo que recordamos como sociedad ―hechos importantes del pasado, personajes clave dentro de los mismos―, existirá como una especie de bloque de cera que iremos modelando con el paso del tiempo, agregando o eliminando fragmentos según se requiera.
En el caso de doña Josefa, sus acciones dentro del proceso independentista estuvieron enclavadas en un marco colectivo condicionado por un sesgo patriarcal, su nombre estaba ligado a ser “la esposa de”, la “de Dominguez”.
Cambiar la forma de evocarla es modificar el bloque de cera, reinterpretando el marco colectivo de la memoria abriendo la posibilidad de una narrativa distinta sobre el lugar de las mujeres en el pasado. La forma de nombrarla no cambia los hechos, pero sí cambia la jerarquía simbólica con la que la recordamos.
En este punto conviene reconocer algo más. Estas líneas no pretenden ser apologéticas; bien sé que este hecho no se reduce únicamente a un deber de justicia histórica. Es evidente que también responde a una narrativa política impulsada bajo la presidencia de una mujer.
Es comprensible que se busque reivindicar a las heroínas y a las mujeres del pasado como parte de un proceso histórico encadenado que permitió que hoy tengamos una presidenta. Primero fueron ellas, luego la presidenta.
El gesto es importante, pero no es un punto de llegada, el pasado es importante en la medida en que nos sirve para interpelar el presente. Hay avances importantes, como la restitución de la autonomía de personajes tan importantes como doña Josefa, pero aún hay un largo camino pendiente.
Aquí las reflexiones de Paul Ricoeur vuelven a ser pertinentes. La memoria no es simplemente una rememoración de lo que pasó, es una reconstrucción narrativa atravesada por el presente, donde existe una política de la memoria: qué recordamos, cómo lo evocamos y hacia dónde y para qué queremos dirigir esa evocación.
Siguiendo al mismo autor, la memoria histórica siempre es terreno de disputa donde se juegan sentidos, simbolismos, reinterpretaciones y también legitimidades. Si este gesto es justicia simbólica, narrativa política o ambas cosas a la vez, se lo dejo a su criterio.
Gracias por la lectura.
*Maestra en Estética y Arte
