La delegación paralímpica zacatecana que nos representa en la Paralimpiada 2025, realizada en Aguascalientes, encarna una paradoja cruel en el deporte estatal: atletas extraordinarios que alcanzan la excelencia deportiva no gracias al sistema, sino a pesar de él.
Su participación en este evento es un testimonio de resistencia heroica contra la negligencia institucional.
Estos deportistas siempre logran clasificar a competencias tanto nacionales como internacionales mientras enfrentan obstáculos que van más allá de sus responsabilidades: la indiferencia institucional, presupuestos inexistentes, instalaciones inadaptadas y la ausencia de seguimiento deportivo.
Son atletas que entrenan en condiciones precarias, con equipamiento obsoleto y sin el apoyo técnico que merecen.
La contradicción es insultante: mientras las autoridades invierten millones en espectáculos deportivos, los atletas paralímpicos zacatecanos mendigan recursos básicos para representar dignamente al estado. Sus logros poco aparecen en espectaculares o informes gubernamentales pomposos porque no generan las suficientes fotografías políticas convenientes, pero sí generan orgullo genuino.
Cada medalla que conquisten será una bofetada moral a quienes los abandonan. Sus triunfos exponen la hipocresía de un sistema que pregona inclusión social mientras excluye sistemáticamente a quienes más la necesitan. No compiten solo contra rivales internacionales; compiten contra la indiferencia de su propio estado.
La delegación paralímpica zacatecana representa lo mejor del deporte en el estado: superación, determinación y excelencia nacidas de la adversidad. “Sacarán la casta una vez más” porque su grandeza no depende de instalaciones lujosas o presupuestos millonarios, sino de una voluntad inquebrantable que las instituciones deportivas jamás han sabido valorar.
Cuando regresen con medallas, recordemos que sus logros son suyos, no del sistema que los ignoró.
