Zapata alude a la batalla
Pueblo de Xochimilco. Diciembre 4 de 1914. Alrededor del mediodía se encuentran por primera vez los líderes revolucionarios Francisco Villa y Emiliano Zapata. El anfitrión es el maestro y general Otilio Montaño —el redactor principal del Plan de Ayala—.
El general sureño (35 años, casado, jefe del Ejército Libertador del Sur) llegó en automóvil. Lo custodiaban hombres montados. El revolucionario norteño (36 años, casado –poliamoroso-, líder de la División del Norte) llegó antes y fue rodeado por una multitud ávida de conocerlo: “Los habitantes de Xochimilco lo vitoreaban sin cesar en aquella soleada y fresca mañana del mes de diciembre”.
El informante León Canova, invitado por el general norteño para asistir a la cumbre revolucionaria, describió la vestimenta de los líderes: el general Villa portaba uniforme color caqui, calzaba botas altas de montar y su cabeza estaba coronada por un quepí.
El general Zapata acudió con chaquetilla negra bajo la que resaltaba una camisa de color lavanda, un paliacate de seda azul anudado al cuello y unos apretados pantalones también negros, con botones de plata cosidos en el borde de cada pernera. Al más puro estilo del charro mexicano. En la cabeza llevaba un sombrero grande.
Los revolucionarios se reunieron primero en la escuela del lugar. Conversaron, incluso bebieron; algunos testimonios dicen que Villa probó cognac, aunque el brebaje lo aturdió y debió enjuagarse la boca con agua. Luego pasaron al hotel Reforma, en la calle Hidalgo. En el transcurrir acordaron no ocupar la presidencia; no aliarse con los carrancistas; planear otro gobierno, distinto al de Venustiano Carranza. Esto lo plasmaron en el Pacto de Xochimilco.
Vito Alessio Robles señaló que la conversación fue interrumpida por el ruido de una música que tocaba. Los temas fueron el gabinete presidencial; la gorra que usaba Villa y el sombrero de charro que llevaba Zapata; sobre Pascual Orozco y de cómo el jefe suriano quebró al padre de aquél; y de la maldad de los científicos. En el sanedrín de la comida, Gonzalo Atayde, secretario del general villista Roque González Garza, apuntó la conversación:
“Villa: [Los científicos] son hombres que han dormido en almohadas blanditas. ¿Dónde van a ser amigos del pueblo que toda la vida se la ha pasado de puro sufrimiento?
Zapata: Al contrario, están acostumbrados a ser el azote del pueblo.
Villa: Con estos hombres [los científicos] no hubiéramos tenido ni progreso, ni bienestar, ni reparto de tierras, sino una tiranía en el país. Porque usted sabe, cuando hay inteligencia y se llega a una tiranía y si es inteligente la tiranía, pues tiene que dominar. Pero la tiranía de estos hombres era una tiranía taruga y eso sería la muerte del país. Carranza es una figura que yo no sé de dónde salió para convertir a la República en una anarquía.
El profesor zapatista Manuel Palafox: Lo que hicieron en la Ciudad de México no tiene precedente; si hubieran entrado los bárbaros lo hubieran hecho mejor que ellos.
Villa: Para que ellos [los constitucionalistas] llegaran a México, fue para lo que peleamos nosotros. El único ejército que peleó fue el nuestro. Nunca nos hacían nada, no obstante que tenían guarniciones hasta de mil hombres. Los que por allá pelearon muy duro fueron estos huertistas; llegó a haber batallas donde hubiera poco más de cinco mil muertos.
Zapata: ¿En Zacatecas?
Villa: En Torreón también; allí estuvo muy pesado: pelearon como dieciocho mil hombres. En toda la región lagunera peleamos como veintisiete días. Pablo González, que estaba comprometido conmigo para no dejar pasar federales, me dejó pasar once trenes; pero todavía nos corrió la suerte que pudimos con ellos y todavía les tomamos Saltillo y otros puntos, y si acaso se descuida ese Pablo González lo tomamos hasta a él. Risas.
Zapata: Yo luego calculé: donde van a esperarse y hacerse fuertes es en Querétaro.
Roque González Garza: Allí esperábamos nosotros la batalla.
Villa: Yo esperaba que, por ahí, por el Bajío, hubiera unos seiscientos o setecientos muertos; pero nada: puro correr.
Villa: En estos días entró Francisco Murguía a un pueblo de por aquí.
El general villista Alfredo Serratos Amador: Zitácuaro. [Serratos fue el responsable para tener lo necesario en el encuentro de los líderes revolucionarios en Xochimilco]
Villa: Pues creo que sí. Sorprendió a la guarnición diciendo que era convencionista y asesinó como a treinta oficiales y jefes y una parte de tropa. Pero yo le cargué tropa por distintas partes…”.
Posdata
Hoy inicia el Festival Ciudades Mexicanas Patrimonio Mundial. Es para conmemorar. Me uno a ello como académico.
