Caminito de la escuela
No existe nada más liberador, para la aterrada alma, sobre todo en estos años de muchos balazos y más ideológicos bandazos, que leer los diarios y las redes sociales y enterarse de que, nuestro rector de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), está en chirona acusado de violación grave equiparada.
Sí, a escasos días de la elección de las autoridades universitarias nos encontramos con estas noticias. Si a eso le agregamos las presuntas amenazas de muerte a integrantes de la Comisión Electoral Universitaria y la denuncia en contra de la candidata de la oposición, la Dra. Jenny González, por una presunta administración fraudulenta como secretaria general del sindicato de profesores (SPAUAZ), estamos ante un panorama demasiado sombrío y ensuciado por manos ajenas a la universidad, lo que me queda demasiado claro.
La UAZ siempre ha sido un codiciado botín político para actores ajenos a la institución. Por décadas, partidos, organizaciones y políticos, han visto en la UAZ un delicioso bocado para alimentar sus despreciables aspiraciones, pero no para impulsar la educación crítica, científica y popular de sus estudiantes.
Existe una enorme cantidad de profesores improvisados, sin la debida preparación pedagógica y teórica. Se paran en los salones a leer el libro o a dictarlo y ya, se sienten que cumplieron y, lo que es peor, se sienten los catedráticos más chingones del planeta.
Si a todo esto le agregamos que dentro de esa enorme cantidad de docentes hay acosadores sexuales, entre los que se encuentran funcionarios, ex funcionarios, directores, ex directores, y demás fauna, el asunto es todavía peor.
¿Qué han hecho en contra de los acosadores sexuales? Ahí siguen tan campantes como si sus acciones merecieran orejas y rabo. Lo que estos sujetos están generando es un clima que hiede a intervención estatal sobre la UAZ, desaparición de programas y disminución de recursos. Lo que están generando es una universidad de quinta, como muchas privadas que hay en el estado.
El 12 de mayo me dirijo a impartir mis clases y me encuentro con una escuela cerrada por alumnos, que protestan por las supuestas amenazas de muerte a miembros de la Comisión Electoral.
Platico con ellos, me exponen sus razones para cerrar varias unidades académicas, les señalo que tácticamente están coadyuvando con quienes quieren enrarecer el clima y generar conflictos el día de la elección (miércoles 14), pero se mantienen en su posición.
Me señalan que llegaron varios maestros a amedrentarlos, a insultarlos y a pedirles su credencial para votar con fotografía o, por lo menos, tomarle una foto a dicho documento. La pregunta es ¿POR QUÉ?
Llega el día de la jornada electoral y los problemas inician, al menos en Derecho. Alumnos con listas de asistencia proporcionadas por docentes, con la encomienda de acarrear por grupos a alumnos a votar (nadie me lo dijo, yo lo vi). Gritos, amontonadero de alumnos en las casillas, un comisionado vuelto loco tratando de controlar la situación. Me pregunto a mí mismo: Mí mismo, ¿por qué no hemos avanzado hacia el uso de urnas electrónicas, internet u otros medios para sufragar y mandar al museo universitario las urnas y las boletitas de papel?
La Comisión Electoral Universitaria (que no mandó a elaborar boletas para algunas unidades y tuvo que suspender la elección), acosada por intereses políticos, salió a decretar ganadores y perdedores.
En democracia se gana o pierde por un voto, pero lo que no debe convalidarse es el cochinero que se generó para preservar cacicazgos que ya no deben tener cabida en nuestra institución (ni en el país). Así, es complicado generar una cultura política democrática, construir ciudadanía fundada en la reflexión de proyectos e ideologías.
La elección en la UAZ, en términos de organización, fue un fracaso. Nos quedamos con las ganas de avanzar hacia formas de trato político de vanguardia en el rancho. Los valores y principios democráticos desaparecieron y solo quedaron las cenizas de un juego que todos jugamos alguna vez en otros siglos. Descanse en paz la universidad.
