Zona de amortiguamiento
Meses atrás escribí en este mismo espacio sobre el inusitado interés que actualmente tiene el patrimonio zacatecano. Tal interés resulta sumamente positivo en la medida en que cada vez más personas se sienten atraídas por lo que el pasado nos ha legado y en lo que queremos preservar para el futuro, lo que sin duda nos concierne a todos.
Uno de los aspectos que han generado más interés y comentarios tiene que ver con la posible eliminación de la ciudad de Zacatecas de la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO por ciertas modificaciones en el área colindante al Centro Histórico.
Posturas a favor señalan que la afectación a la zona declarada sería nula puesto que el área se encuentra fuera del casco histórico; por el contrario, hay voces que apuntan a la vulneración del paisaje urbano en la zona de amortiguamiento, lo que en efecto podría conllevar el retiro del reconocimiento de ciudad con valor universal por parte del ya citado organismo internacional.
Pero en un ejercicio de reflexión, podemos formarnos nuestro propio criterio partiendo de la definición de lo que es una zona de amortiguamiento y si realmente esto afecta el área patrimonial.
Según las Directrices Prácticas para la aplicación de la Convención del patrimonio mundial, la zona de amortiguamiento es definida como “un área alrededor del bien cuyo uso y desarrollo están restringidos jurídica y consuetudinariamente a fin de reforzar su protección. Para ello se tendrá en cuenta el entorno inmediato del bien propuesto, perspectivas y otras áreas o atributos que son funcionalmente importantes, como apoyo al bien y su protección”.
Siguiendo tal definición, entendemos que a nivel básico, los alrededores que enmarcan las ciudades históricas tienen un marco de protección que permite la integración de las zonas de monumentos con el contexto urbano en general, desde una visión holística en la que las áreas protegidas dejan de verse como un museo y se conciben en adelante como un conjunto de elementos que cambian a través del tiempo, donde se reconoce que los sitios urbanos históricos evolucionan y se integran con arquitecturas de estilos y temporalidades distintas.
En Zacatecas, el área de amortiguamiento ha ido ampliándose con el paso de los años, comenzando en 1993 con 25.3 hectáreas al norte y sur de la ciudad, hasta llegar en 2016 a las 109.15 hectáreas. Estas zonas han sido agregadas a partir de los distintos programas parciales del Centro Histórico de Zacatecas, en la visión de evitar, en la medida de lo posible, el deterioro urbanístico de los entornos inmediatos al Centro Histórico.
Este perímetro, envuelve la zona patrimonial partiendo del Periférico (concebido en la década de los sesenta como una especie de mirador paisajístico que daba una vista privilegiada a la zona histórica), hasta el sur con el boulevard López Mateos, pasando por el paseo escénico La Bufa, la avenida López Velarde y nuevamente hacia el norte, hasta el monumento a Benito Juárez y todo el paseo Díaz Ordaz.
El bulevar Adolfo López Mateos se considera parte de la zona de amortiguamiento ya que colinda, como es visible, con una zona de alta densidad de valor patrimonial. Una obra como la que se propone ciertamente afectaría la visual del paisaje urbano. La visibilidad en ciertas partes de algunos templos o algunas perspectivas del cerro de La Bufa, símbolo identitario por excelencia de los zacatecanos, se verían afectados.
Nuevamente se pone sobre la mesa el eterno debate, ¿entonces no se puede apostar por el crecimiento y la actualización de la ciudad conforme a las necesidades contemporáneas? Desde la UNESCO y el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (ICOMOS) se han propuesto varias respuestas a esta problemática, que no es exclusiva de ciudades como Zacatecas.
Las ciudades históricas no están ancladas al pasado, antes bien son espacios vivos que evolucionan a través del tiempo respondiendo a las necesidades de sus habitantes.
No obstante, desde las nuevas perspectivas de conservación patrimonial siempre hay soluciones acordes a los contextos y especialmente al respeto del paisaje urbano, es decir, a aquellos elementos que conforman el ethos o la identidad de una ciudad.
Dicho sea de paso, que aquí también la opinión pública y la participación social en las transformaciones del paisaje urbano son fundamentales, atendiendo a que es la sociedad quien lo habita y lo entiende como propio.
