RÍO GRANDE. Dulce María Rincón Ortega, quien tiene limitaciones en movilidad y habla debido a un accidente automovilístico, enfrenta ahora la sustracción de sus hijos por su ex pareja sentimental. Desde el 28 de agosto de 2024, la familia no sabe de los niños.
“Era una niña muy pinga, así le decía mi cuñada porque era muy alegre, le gustaba bailar, divertirse. Siempre fue emprendedora y ayudaba a quien la necesitara”, recordó Gabriela Ortega Saldaña, madre de Dulce.
La situación de la joven maestra se complicó debido a su delicado estado de salud tras el percance que sufrió el 14 de febrero de 2023, del cual aún no se recupera.
Ese día marcó un antes y después en la vida de Dulce. Mientras conducía de Caopas, Mazapil, a Río Grande, por una cita médica en Zacatecas, su vehículo derrapó en un tramo con grava suelta.
“Tardaron mucho en darle auxilio, casi no pasan gentes para aquel lado. Su accidente ocurrió alrededor de las 2 de la tarde y la vinieron recogiendo como hasta las 4 o 5”, relató su madre.
A Dulce la llevaron a un hospital de Saltillo, Coahuila. “Nos dijeron que mi hija desgraciadamente ya no tenía vida, pero Dios es muy grande y mandó a una enfermera que descubrió que el catéter central estaba mal puesto”, recordó Ortega Saldaña.
La recuperación mostraba avances significativos hasta que la ex pareja de la maestra sustrajo a sus hijos de un Centro de Desarrollo Infantil (Cendi). “Ya comía, ya se movía un poquito más, empezaba a hablar y a decir las vocales”, expuso su madre.
Durante este periodo, la ex pareja de Dulce presuntamente realizó múltiples fraudes con la cuenta bancaria donde ella recibe su salario. La familia de la maestra detalló que el hombre utilizó la cuenta bancaria de Rincón Ortega para solicitar créditos no autorizados.
Además, obtuvo préstamos de familiares “bajo el pretexto de instalar una planta tratadora de agua”, proyecto que nunca se realizó y cuyo dinero no fue devuelto. Ahora se desconoce el paradero de los menores.
El diálogo con el hombre se ha vuelto imposible, pues según relataron, las llamadas telefónicas terminan en negación sin posibilidad de llegar a acuerdos sobre los niños.
“Duramos semanas que no dormía día y noche porque estaba inquieta, rechinando mucho los dientes”, describió Ortega Saldaña sobre el impacto que tuvo en Dulce la separación de sus hijos.
Vivía violencia
La familia reveló episodios previos de violencia familiar, expresando preocupación por la influencia que estas conductas puedan tener en los menores.
Las denuncias presentadas ante la Fiscalía General de Justicia del Estado (FGJE) no han prosperado. “Nos dicen que él es el papá y está en todo su derecho”, lamentó Gabriela Ortega.
A pesar de sus limitaciones físicas, Dulce responde con gestos notables cuando escucha hablar de sus hijos. Su hermano Jaime, estudiante de Neurociencias en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pausó su maestría para apoyar en su rehabilitación.
“Los doctores dicen que su motor, su motivación, son sus hijos”, concluyó Ortega Saldaña, mientras su hija continúa un tratamiento neurológico quincenal en Durango, esperando el reencuentro con sus pequeños.










