Horizonte de expectativas
Cada inicio de año somos presas de la misma sensación: estamos frente a una pizarra en blanco, una tabula rasa que nos obliga a desdoblar nuestros deseos y expectativas ante los 12 meses que se presentan, dejando atrás las frustraciones y desilusiones del año anterior para plantear ante el futuro lo que queremos lograr o lo que esperamos ahora sí concretar.
Pero lo que pareciera ser una práctica meramente individual se traslada al nivel colectivo: deseamos mejores perspectivas y circunstancias para nuestra familia, nuestros amigos, nuestra ciudad, nuestro estado, para el país y para el mundo.
Y es que a pesar de las pesimistas perspectivas que presenta nuestra contemporaneidad, nos gusta imaginar que todo aquello de lo que adolece el presente algún día puede mejorar; algún día tendremos un país más seguro, más equitativo, con mejores oportunidades para todos… etcétera, etcétera.
Sin embargo, no es mi intención pretender arreglar el mundo en 600 palabras. Mi objetivo es mucho más modesto, pues en esta ocasión me gustaría escribir acerca de los retos que en nuestro pequeño núcleo citadino se pueden presentar a nivel patrimonial-urbano- cultural, con la esperanza de que dentro del horizonte de expectativas de este 2025 se puedan reflexionar y actuar sobre ellos.
Para empezar, nuestra añeja ciudad patrimonio está sufriendo cambios importantes, producto de la siempre tensa relación entre pasado y modernidad, entre conservar y modificar conforme a los retos de la agitada vida actual.
Pero entre el protagonismo que se pudiera llevar una obra en el bulevar, tenemos un Centro Histórico que parece estar perdiendo su centralidad en tanto espacio de las actividades primordiales de la ciudad, y unos barrios periféricos, típicos e históricos, sumidos en el descuido y muchas veces en la inseguridad.
Lo anterior vinculado a una falta de coordinación entre las instituciones rectoras y gestoras de nuestro patrimonio, en detrimento de una participación social en la que se abogue por lo que la sociedad -verdadera heredera del patrimonio- realmente quiere conservar.
¿Cuáles serían entonces las grandes áreas de oportunidad ante los retos brevemente mencionados? Bueno, sería interesante que para este 2025 se fortaleciera esa figura de la “gerencia de la ciudad”.
En otras urbes patrimonio, como Puebla, la gerencia de la ciudad ha servido para fomentar la participación ciudadana y el interés de la población en general en aspectos que tienen que ver con la valoración de los espacios históricos y los lugares de memoria colectivos.
Ciclos de conferencias, recorridos a pie, exposiciones de fotografías tomadas por los habitantes de los barrios típicos o incluso recolectadas de los propios archivos familiares, son ejemplos de actividades que involucran a la población y que revitalizan ciertas zonas.
Otra área de oportunidad interesante sería la realización de un inventario patrimonial, algo así como un catálogo de todos los recursos patrimoniales (naturales y culturales) con los que cuenta la ciudad, que permita identificar los elementos más típicos y más identitarios para evitar su deterioro o su transformación a capricho sexenal.
Lo ideal sería que también fuera elaborado con la participación ciudadana de la mano con los sectores académicos y las instituciones regentes del patrimonio local.
Este inventario también debería incluir las prácticas locales (como las costumbres, tradiciones y usos en calles y barrios) para fomentar la protección de ese patrimonio vivo que da sustento a la identidad zacatecana.
Asimismo, para trascender la efímera transformación que pudiera presentarse en un proyecto sexenal o trienal, sería interesante que en el ámbito de lo patrimonial y de lo urbano, se considere la creación de un organismo descentralizado en el que recaigan aspectos de investigación, gestión, difusión y protección al patrimonio zacatecano con la participación de los diversos sectores sociales, con la intención de que se fortalezca el impulso de proyectos de larga duración que intervengan en las problemáticas ya señaladas.
Esto por supuesto, son meras expectativas, meros horizontes que quizá sea interesante explorar en ese futuro que siempre auguramos más amable.
