Píldoras
Cada ocho horas, después de comer, antes de dormir, antes de amatoria actividad, cuando persisten las molestias o cada vez que se manifiesten esos malditos síntomas de estar vivo se vuelve necesario ingerir pequeños comprimidos, recubiertos o encapsulados de polvos varios para que se mezclen y diluyan con el torrente sanguíneo y entonces, alíviense las molestias llamadas gripe, disfunción, déficit o superhabit de quién sabe qué cosa que andaba molestando al cuerpo y que desestabiliza la tranquilidad, equilibrando lo necesario para ser sano.
Ser saludable es no tener tantas molestias en el cuerpo ni en la mente, aunque sea por decisión propia. Vivir es sobrevivir sin tener que estar atendiendo tantas molestias. Las píldoras, pastillas, tabletas o cápsulas son como pedacitos de lo que un cuerpo andaba necesitando, pero que no se había enterado hasta que algo le falló.
Adminículos orales para que la humana máquina temporal de sensaciones no sienta tan feo, tan doloroso o incómodo, sino que recupere el tan añorado buen sentir. Si la gente se creyera que solo hay una vida, las religiones tendrían menos éxito del que actualmente tienen las farmacéuticas y hospitales.
Tener buena salud es no sentir tanto ni tan seguido que la vida desagrada más de lo que agrada porque entonces sería demasiado insoportable y como que no tendría caso continuar tantísimo y vano sufrimiento. Se vive mejor con ganas de seguirlo haciendo.
Los dolores son como advertencias temporales de que algo no anda bien y es entonces cuando hay que acudir a repararlos con terapias consistentes en no hablar tanto o hablar más, no comer tanto o más, no beber tanto o más, no vivir tanto o más, pero todo claro, por prescripción médica acompañada de polvos mágicos administrables por los conductos de ingreso al misterio corporal.
Los médicos y psicólogos se enteran de eso que es innecesario enterarse hasta que algo molesta lo suficiente como para acudirles, aun así, casi siempre tomar una pastilla es más fácil que llorar, perdonar, entender y todos esos verbos que no se suelen prescribir en las recetas.
El cuerpo es un tubo que a veces se daña nomás por dejar pasar por él la cruda realidad, por eso hay que ingresarle bióticos, probióticos, prebióticos, analgésicos, antihistamínicos, antibióticos, antivirales y todas esas antimortales sustancias.
Es innecesario conocer nombres aburridos, técnicos o científicos, genéricos o de patente de tales cuasi mágicas sustancias, alivianadoras por desconocimiento de composición, pero que requieren conocimiento nomás de cómo pedirlas en las boticas, Farmacias Guadalajara, Benavides, Similares, de Genéricos Intercambiables o todas esas otras empresas lucrativas de la salud que dan abasto a todo lo que el Estado no puede garantizar nomás gratis.
Basta luego con ingerirlas de buena fe y seguir las médicas recomendaciones, como evitar juntarlas con alcohol, cigarro u otras drogas menos políticamente correctas y entonces con eso es más que suficiente. Es mejor por supuesto, si los ha recomendado alguien que sí sepa lo que recomienda y lo haga con una caligrafía lo suficientemente misteriosa como para suponer que los remedios mágicos siempre se escriben con prisas.
No se aconseja exceder la dosis recomendada. Venenos que alivian si se ingiere solo la cantidad suficiente como para cubrir un déficit sin causar otro, capacidad que también nomás por vivir va menguando con la edad.
Que si duele la maceta, la rodilla, la barriga o todo eso de adentro que es innecesario conocer porque va escondido por el envoltorio de piel que trae el cuerpo. Que si demasiado colesterol; demasiada presión o demasiado embarazo; que para que crezcan las uñas, para que salga el pelo o para que se baje la panza porque ya era muy estorbosa como para poder disimularla; que si para complementar los alimentos, para suplirlos, para digerirlos bien, para comer más o para no comer tanto; que porque se vive demasiado triste, demasiado enojado, demasiado lento o demasiado rápido.
Las medicinas estabilizan todo lo que andaba siendo demasiado, algo así como regresar a la normalidad lo que nomás por vivir se andaba extralimitando. Píldoras que solucionan casi todo lo que no andaba funcionando tan bien como para no sentir nada, porque eso es la normalidad, no sentir tanto ni tan seguido el dolor, el hambre, la tristeza o la falta de quien sabe qué.
No importa la edad, tamaño, género o condición social, todo el que quiera seguir viviendo, a veces cada ocho horas, después de comer o antes de dormir, requerirá algunas píldoras.
