Los diputados del primer constituyente
En octubre de 1823 fue instalado el primer Congreso constituyente de Zacatecas. El fin principal de sus labores era redactar y aprobar la Constitución política del estado.
Fueron electos como diputados propietarios Juan José Román, Mariano Fuentes de Sierra, José Francisco de Arrieta, Ignacio Gutiérrez de Velasco, Pedro Ramírez, Juan Bautista Martínez, Domingo Velázquez, Juan Bautista de la Torre y Miguel Díaz de León.
Aunque electos y sin concluir estuvieron Miguel Laureano Tobar y Cuenca, José María Herrera. A estos los sustituyeron Eusebio Gutiérrez y Domingo del Castillo, quienes fueron asignados inicialmente como suplentes (igual condición tuvieron José María García de Rojas y Antonio Eugenio de Gordoa).
Ellos son parte del conjunto de individuos que integraron la primigenia clase política estatal (entonces Aguascalientes y Salinas eran territorios de Zacatecas). Estos actores, poseedores de reconocimiento social, provenían de los escenarios que proyectaron el México postindependiente (la guerra de Independencia, las juntas de deliberación local posteriores a la crisis de 1808) y en los procesos políticos que generaron las reuniones electivas (hecho que les confirmaba el reconocimiento público en su comunidad).
Luego está la ocupación que hicieron de las instancias gubernamentales con alcance estatal, desde las que ejercieron las relaciones de dominación que les permitieron las circunstancias políticas del período y la reglamentación que iban formulando.
La clase política está en formación (está configurando sus relaciones de dominación en el estado). Actúa dentro de los márgenes de una arquitectura institucional en tránsito, que va de las pocas posiciones de poder subordinadas (la intendencia y las subdelegaciones) al relativo aumento de instancias de poder que tienen la autoridad necesaria para influir en un territorio específico y autónomo respecto a otras entidades federativas, aunque está interrelacionado con la autoridad del gobierno general y el territorio nacional, mediante el pacto federal signado en el Acta Constitutiva y en la Constitución general de 1824.
Los diputados eran parte de una instancia del poder soberano en Zacatecas. El ser parte de la clase política regional, lo hacía ser copartícipes del poder junto al gobernador, los funcionarios de la secretaría de gobierno y la dirección de hacienda, los magistrados y jueces del Poder Judicial, los titulares de las jefaturas políticas.
Eran políticos por su participación en el complejo y novedoso proceso que partía desde el reconocimiento que tenían los ciudadanos-vecinos en su comunidad, por su inclusión en las asambleas electivas y deliberativas de su comunidad y en el partido.
En el contexto de la ciudadanización e igualdad de los individuos, resalta la asimetría de su composición social y étnica: todos provenían de familias españolas y criollas arraigadas en la región.
Los diputados transcurrieron por las diferentes proyecciones políticas que entonces circularon en el emergente espacio público.
De origen no todos fueron permanentes antimonarquistas o iturbidistas, incluso el salto al republicanismo federalista fue paulatino. Eso sí, pasaron de jurar lealtad a las diferentes formas políticas que se impusieron en la terminal Nueva España y en la emergente república federal.
En el seno del Congreso abordaron los tópicos de la formación del estado mexicano y de Zacatecas. Discutieron desde la adhesión al Estado nacional hasta la definición pormenorizada de la forma particular de gobierno, pasando por las relaciones con la Iglesia, el reconocimiento jurídico de los individuos y las formas de hacer sociedad.
No quedaron fuera las cuestiones simbólicas que ayudaron a legitimar la autoridad y conducir el imaginario social: uniformes para los empleados, tratamientos entre personas y autoridades, formas de recepción y envío de correspondencia oficial, la elaboración del sistema festivo cívico, la recategorización de las comunidades de pueblos a villas y de éstas a ciudades.
Posdata
Felicito con gratitud y reconocimiento a Judith Navarro Salazar por sostener con prestancia a la editorial Texere. Que estos aniversarios sean parte de un extenso porvenir.
