Pájaro vuelve a su jaula
LOS SUSPIROS. Aspirar aire de manera prolongada y espontáneamente se llama suspirar y suele hacerse, según muy confiables y subjetivas fuentes, por alguna pena, ansia, deseo o todas las anteriores. Quién sabe qué resolverá suspirar, pero lo más probable es que todos tengan oportunidad de recurrir a esa productiva actividad en el momento que crean adecuado y resuelvan, tal vez, eso que no podría resolverse de otro menos airoso modo.
Cual exhalaciones náufragas, los suspiros no avisan que llegan, solo suceden y anuncian al suspirante que algo siente, aunque no fuera tanta, ni tan urgente su intención de enterarse. Como que algo les hace falta a los suspirantes que buscan en el aire aspirado lo perdido, lo no localizado o, como menciona la pedagógica descripción inicial, lo frustradamente deseado.
Suspirar es declararse incompetente para respirar con la normalidad habitual que respiran los que viven dentro de los estándares paramétricos del aire adecuado. Con bocanadas se sustituyen las ausencias o las sobras que cobran forma en el viento, pero nadie las puede ver porque de eso se trata, de mantener cautivo todo lo que pueda traducirse nomás en simples exhalaciones de aire.
AGUA CEROS
A veces a la gente le cae mal que llueva porque se inundan sus casas o porque se mojan los cuerpos que quieren mantenerse inmutables, calientitos y por supuesto, secos. Se ponen encima techos portátiles que paran el agua para que no les caiga en la cabeza, ni en los hombros, ni en la árida cotidianidad en la que no llovía hace mucho y a la que ya se habían acostumbrado.
Cuando llueve, la gente corre para que no se moje tan rápido ni tampoco despacito y no parezca que están locos remojándose nomás de oquis, porque para eso existen los balnearios, las playas y por supuesto las duchas a las que se acude cuando se necesita llover el cuerpo voluntariamente, no como las tormentas, chubascos o aguaceros que llegan inesperadamente y que hacen que todo se empape como si fueran más acuáticos que terrestres los implicados.
La lluvia anda descalza por las calles mojadas porque corriendo todo toca el agua como si supiera que la esperan sentados en algún lado, para que llegue bailando y haciendo ruiditos como existiendo de a poquito, pero permanente y estratégicamente en diferentes lados.
CONCURSOS DE POPULARIDAD
Cada vez es menos necesario ser personas benevolentes, inteligentes o medianamente empáticas con otras personas que también ya se enteraron de esos actuales menesteres y que tampoco tienen urgencia por caer en esas minúsculas nimiedades.
Lo que ahora importa es lucir lo suficientemente bien como si fuera cierto ese cuento de la vida bella, sonreír y convencer a todos los que apuntan la mirada de que aquí, no pasa nada más de lo que no se quiere que pase, que todo está tan bien como parece y que lo bueno es que la vida es más buena con unos que con otros.
De lo que se trata es convencer de que, afortunadamente, siempre se puede pertenecer a los primeros, aunque sea tantito y de vez en cuando. La vida ya no se limita a esa cuestión cristiana de prever un juicio en el que los pecados serán redimidos y ya no hay que arrepentirse de no ser personas benevolentes, inteligentes o medianamente empáticas, sino más bien ganar competencias diarias en las que los demás piensen que se es lo suficientemente popular como para convertirse en ídolos sin pasar por la estorbosa molestia de ser simples mortaletes, confundidos sin certeza de absolutamente nada.
