En 44 años de profesión, el doctor Ricardo Robles no recuerda haber intervenido una cornada tan grave en una plaza de toros como la de César Pacheco; tan solo la equipara a otra intervención similar a un espectador de un encierro, también en Calasparra, Murcia.
El periodista José Vazquez, de El Muletazo, medio de comunicación de Murcia, entrevistó al médico, compartiendo las impresiones con NTR Toros.
“La cornada fue mortal porque cogió una rama arterial importante del cuello, de la carótida externa. Afortunadamente el subalterno que le metió la mano en el cuello [Jesús Fernández] tuvo una gran intervención en salvarle la vida al novillero. Nosotros le sustituimos su mano por nuestras compresas.
“A continuación, hicimos un control de daños durante 15 minutos. Entró con el pulso muy alto y la tensión baja porque había perdido mucha sangre. Yo iba a operarlo allí mismo en la enfermería de la plaza porque temía que no me diese tiempo a llegar al hospital de Caravaca, pero evalué la situación y decidí trasladarlo.
“Si hay cualquier complicación, siempre hay más medios en un hospital. En todo momento, en la UVI Móvil, mi anestesista iba en la cabeza del paciente, por si en un momento durante el traslado hubiese tenido que hacerle una cirugía de urgencia para controlar la hemorragia.
“Entré al quirófano con el puño metido en su herida. Allí pudimos también vigilar las tres trayectorias que tenía la cornada. Una que ascendía levantando toda la parótida, otra hacia el centro que levantaba la glándula submaxilar y otra posterior que chocó contra la columna y dejó al aire la arteria carótida y la vena yugular, seccionando una de sus ramas. Por fortuna no seccionó el tronco principal.
“Los toreros son de otro mundo. Durante el traslado la preocupación que tenía era si había matado al novillo o no, si le habían dado la oreja o no, y por preguntarle al apoderado si había estado bien. A continuación, tuvo la preocupación lógica, él decía que no quería morirse, que llamaran a su madre…”, relató el doctor al medio español.
RENACER
El zacatecano César Pacheco puede decir que volvió a nacer el 4 de septiembre en Calasparra. Jesús Fernández tuvo el acierto de meterle el puño en la herida y que en sitio hubiese hasta cuatro cirujanos, los cuales contribuyeron al milagro.
Además de Ricardo Robles, otros dos cirujanos generales, Ramón Lirón y Víctor López, y uno cardiovascular, el calasparreño Norberto Casinello.
El magnífico equipo lo completaron los anestesistas José Verdú y Jesús Blazquez. En la enfermería Javier Fernández y Carlos Sánchez. A todos ellos, nuestro agradecimiento y reconocimiento.
El joven novillero pasó las primeras horas estables. Está previsto que sea trasladado al hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia.

