Derechos Humanos: Retos y desafíos actuales
(Primera parte)
En las últimas décadas México experimentó un cambio acelerado en dos frentes que se vinculan y son inherentes: el social y el político-institucional.
En el primero, además del conocido fenómeno de la globalización y sus efectos culturales y de conducta, nuestro país se ve envuelto en una etapa de violencia sin antecedente en nuestra historia por su magnitud, por sus consecuencias y por sus repercusiones cotidianas.
En el segundo, como efecto de la etapa que conocemos como transición política, México no solo fue testigo de la pluralidad política, la alternancia y la reconfiguración de su democracia, también de un importante rediseño, desde la Constitución del modelo de Estado.
En este último aspecto, una de las novedades que trajo consigo este proceso fue el surgimiento de los órganos constitucionales autónomos, como figuras que, siendo parte del Estado, se distinguen de los tres poderes constituidos tradicionalmente.
Desde luego, la dimensión de estos cambios implica, a su vez, repercusiones en todos los ámbitos y particularmente en la agenda que nos ocupa, la de los Derechos Humanos (DH) y específicamente en los órganos protectores de éstos, tanto a nivel nacional como subnacional.
Los órganos protectores de los DH tenemos el desafío de hacer una realidad palpable el reconocimiento y respeto a los DH, en el frente educacional, formativo y cultural.
Ahora, más que en el pasado, la educación en DH es fundamental en la formación integral de las personas que habrán de formar parte de sociedades justas y equitativas.
Sin embargo, educar en DH representa un desafío importante, ya que implica promover valores como la igualdad, la solidaridad y el respeto a la diversidad en un contexto en el que los DH son constantemente vulnerados, y en el que, a cada momento, se ponen a prueba nuestras capacidades de convivir en comunidades, a su vez, cada día más complejas.
Debemos remitirnos al consenso de que formar cultura en clave de DH es necesaria para alcanzar la precondición de la convivencia armónica, que es el respeto a la dignidad humana de la que se desprenden a su vez valores como la justicia y la libertad.
No se trata solo de transmitir información sobre los DH, sino de fomentar actitudes y comportamientos que promuevan la igualdad, la inclusión y el respeto a la diversidad. En este sentido, educar en DH se vuelve aún más relevante, ya que contribuye a la prevención de violaciones a éstos y a la transformación de las conductas y estructuras que perpetúan la injusticia y la desigualdad.
No solo lo anterior, sí entendemos que ninguna evolución puede darse sin la identificación de las fallas que nos la exigen, la educación en DH se convierte también en un instrumento poderoso para la construcción de una ciudadanía crítica y participativa, ya que, a través de ésta se promueve el desarrollo de habilidades como el pensamiento crítico, la empatía y la capacidad de diálogo, que son fundamentales para que los individuos participen de manera activa en la defensa y promoción de los DH en sus comunidades y en la sociedad en su conjunto.
Sin embargo, hay que reconocer que educar en DH implica hoy un serio desafío, ya que se deben enfrentar obstáculos y resistencias a nivel individual, institucional y social. Sobre este tema profundizaremos en nuestra próxima entrega.
TODOS LOS DERECHOS PARA TODAS LAS PERSONAS.
*Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Zacatecas (CDHEZ)
