MADRID. Paco Ureña se convirtió en el triunfador de la Corrida In Memoriam de Antonio Chenel Antoñete, lo hizo tras cortar la única oreja de la tarde y confirmar que su valor va más allá de todo.
José María Manzanares saludó ovación tras una labor de esfuerzo con el primero. Se lidiaron toros de Jandilla y Vegahermosa en la decimocuarta cita de “No hay billetes” de la presente temporada que fue un éxito en taquilla.
Decía el maestro Santiago Martín El Viti que para ser figura del toreo, se necesita tener “cabeza, arte y valor”, pero, ¿qué es el valor en la tauromaquia actual? El término puede confundirse muchas veces con el tremendismo, el arrojo o la determinación, pero el concepto debe ir más allá. Valor es arriesgar, entregarse, expresar en cada muletazo todo lo que tu mente y cuerpo sienten y, sobre todo, hacerlo con el alma.
Este domingo, Paco Ureña nos recordó que ese término tan gastado y, muchas veces, tan demeritado, traspasa el tiempo. La verdad sea dicha, su valor quedó de manifiesto en todas y cada una de sus expresiones.
Ureña se superó en una tarde donde todo cobró un sentido diferente. Un astado que no regaló nada fue el sexto de Jandilla. Dispuesto estuvo con él, Paco Ureña. Por el pitón derecho se llevó una fuerte voltereta de la que se repuso volviendo a la cara del toro. Muy dolorido consiguió dejar una efectiva estocada, paseó el trofeo y se retiró a la enfermería de propio pie sin dar la vuelta al ruedo.
MANZANARES, SIN SUERTE
Manzanares no tuvo suerte en su regreso a Madrid. Se topó en el primero con un animal sin raza y sin entrega. Todo lo que le faltó al novillo lo puso el torero en una faena que fue a más a base de poder y mando en el tercio. Tras estocada saludó ovación.
El cuarto fue protestado en su salida, al que Manzanares metió en su capote bregándolo, pues se le llegó recto por el derecho.
Finalmente, tras el tercio de varas, el toro fue devuelto y en su lugar salió el primer sobrero, un ejemplar de El Pilar. El diestro trató de meterlo en su capote, a pesar de que al principio saliera suelto. Éste, con el que también reinó el caos en los tercios, fue devuelto, saliendo el segundo sobrero, también de El Pilar.
Manzanares frenó y llevó a un astado que manifestó su debilidad en los cuartos traseros. Alcanzó la faena de muleta y Manzanares fue tirando del animal con suavidad y mucho cuidado, evitando que el novillo se cayera.
Continuó por el pitón derecho aguantándolo a media altura, sosteniéndolo. Tocó y llevó, pero se le metía por dentro, sin prontitud, obligándolo a pasar. No había opciones en aquel ejemplar que ni podía ni quería y a punto estuvo de prenderlo. No tuvo acierto con la espada.
TALAVANTE Y EL DESEO DE TRIUNFO
Rocío llevó por nombre el segundo de la tarde del hierro de Jandilla al que Alejandro Talavante saludó a porta gayola y demostró así su deseo de ir por todas en una corrida determinante. Lances a pies juntos con parsimonia y la clase que atesora el extremeño que se adornó con cadencia.
La apuesta tras la Suerte de Varas llegó para Paco Ureña que se adornó en un buen quite. Alejandro Talavante decidió iniciar por bajo su faena de muleta y así continuó en series derechistas ante un toro que embistió con calidad, humillado y metiendo la cara, quizá le faltó un puntito de fuerza. La faena se construyó bajo esa vertiente, llevarlo con suavidad, sin forzarle, al final, a media altura.
Talavante saludó al segundo de su lote y quinto de la tarde. Con la muleta ya en la mano, se acercó muy despacio y lo citó en la media y larga distancia. El animal se arrancó con viveza y aprovechó la inercia para seguir pasándolo.
Continuó al natural con un ejemplar áspero, que busca los pies y se frenaba a su paso. Cambió al pitón derecho, sin terminar de bajarle la mano, llevándolo a media altura y aguantó aquella falta de entrega que no lucía. Se fue por la espada y falló, por ello tuvo que descabellar.
FOTOS: MANOLO BRIONES.

















