Las esferas distantes
El sábado 6 de junio de 1914 fue día laboral en las oficinas gubernamentales de la vetusta ciudad de Zacatecas.
En esa jornada, el juzgado del ramo civil convocó a personas interesadas sobre un hecho de índole privado. El juez Joaquín R. Garaycochea informó en el primer aviso de la convocatoria: “A este juzgado se ha presentado María Concepción Guzmán, de 16 años, pidiendo que se supla el consentimiento de sus ascendientes y tutor, de quienes carece, para contraer matrimonio con Adelaido Salazar”.
El mismo juzgado dispuso: publicar “un extracto de dicha solicitud, las veces que fuere posible, durante 15 días, en los periódicos Oficial del Gobierno del Estado y El Orden Social citando a las personas que se crean con derecho a contradecirla, para que se presenten dentro de igual término, contando desde la fecha de la última publicación”.
Más allá de que los juzgados siguen laborando, tanto como las cárceles, las escuelas, los hospitales, los conciertos dominicales, el teatro y cuanto existe de acción comercial, están los hechos de los solicitantes como indicios del estado del tejido social, lo cotidiano antes de la batalla de junio de 1914.
Signifiquemos: las solicitudes para obviar la asistencia de los padres, con autorización judicial, se perciben como parte del reconocimiento que tiene el matrimonio civil.
Junio 7 de 1914
El jerezano Ramón López Velarde en 1914 vive en la Ciudad de México. El 7 de junio circuló una nota sobre su obra literaria. José Luis Martínez califica el texto como la primera crítica autorizada que recibió.
En algún día de ese año normal, el jerezano acompañó a Jesús Villalpando para hacer una visita a José Juan Tablada, el director del Diario Oficial del gobierno huertista. La reunión, las cortesías y las palabras marcaron al jerezano.
El encuentro fue entre un ave del paraíso (así definió el jerezano a Tablada) y un poeta todavía nuevo (así definió Tablada a Ramón). El jerezano llevó sus poemas, los que publicará en La sangre devota. Se los dejó a Tablada. Y Tablada los leyó. El domingo 7 de junio de 1914 en la revista Mundo Ilustrado, en la columna de Tablada, apareció un texto que refiere su lectura y crítica a los poemas de López Velarde.
Expresó: “Sigo leyendo otros versos manuscritos del mismo autor con la creciente emoción de encontrar un nuevo astro que se revela con sencillas músicas y fragancias encantadoras. Son los versos de López Velarde flores de prados campesinos, claveles de macetas que, abriéndose sobre los viejos tiestos de Talavera, arden entre la penumbra de nuestros hondos corredores coloniales. Su perfume recuerda el aroma que exhalan los herbarios de Francis Jammes…”.
Ramón, en junio de 1917, publicó un artículo donde refiere el hecho: “el poeta (refiere el jerezano a Tablada) nos retuvo indefinidamente y nos atendió en su mesa como un gentilhombre. Nos leyó, entre el humo de sus pebeteros orientales, el prólogo y un capítulo de su Hiroshigué. Nos recitó en su jardín, en presencia de los sapos y las otras bestias predilectas, los poemas en que los alaba. Nos hizo sentarnos en el umbral de su pagoda […] Con una nube: un criado japonés, por brusquedad del clima del valle. Aquel dolor antípoda no dejó de ensombrecernos. Pero fue momentáneo. Tablada asegura siempre el bienestar de sus huéspedes con fetiches insólitos y preciosos”.
Signifiquemos: Ramón López Velarde, el maderista, el católico antirreeleccionista, el político de tierra adentro, el ciudadano abogado que litiga, construye la ruta de su pasión: la poesía.
Posdata:
El águila UAZ viste con el arcoíris. Bien por reconocer una diversidad que impacta en la formación y el desenvolvimiento ciudadano. Ya solo falta el festival universitario de las diversidades.
