MADRID. Debido a la expectación que generó la novillada de la semana pasada, la afición se volcó de nueva cuenta a Las Ventas para el tercer festejo novilleril de la Feria de San Isidro, el cual tuvo una entrada que superó los 18 mil aficionados, más que buena para el apoyo a los nuevos valores.
Desafortunadamente, la tarde no fue ni la sombra. Poco ofrecieron los toros de Guadaira y Torrehandilla.
Lo más destacado terminó por firmarlo el novillero Alejandro Chicharro, que dio una vuelta al ruedo en su primero tras una petición de oreja no concedida.
ARRANQUE COMPLEJO
Abrió plaza el novillero Lalo de María con el ejemplar de nombre Moliendo, de Guadaira. Breve saludo con el capote tuvo el francés; brindó su faena al respetable madrileño, para luego comenzar su faena de rodillas ante un ejemplar que apuntó movilidad y que le permitió encontrar la potabilidad por el pitón derecho.
Las series fueron muletazos limpios, pero el novillo no tuvo ese punto de transmisión que se necesitaba. Se contó muy poco. Una faena que al final no terminó de romper, a pesar de los esfuerzos de Lalo de María, que también buscó por el pitón izquierdo.
Terminó reflejando su sosería el de Guadaira. Poco que contar. Silencio
CHICHARRO, LA PROMESA
El segundo fue devuelto y salió en su lugar el primer sobrero, del hierro de Torrehandilla y cuyo nombre era Enemigo.
Alejandro Chicharro apostó en el quite y se gustó con la interpretación que tuvo con el capote. Este ejemplar le correspondió a Pepe Luis Cirugeda, que brindó su faena, en un gran gesto, a la Guardia Nacional.
Una clara apuesta con el novillo desde el inicio de faena al torear de rodillas, iniciando con un cambiado por la espalda.
Complicado de entender fue Enemigo, saliendo del pase con la cara muy alta y punteando casi todas las veces.
El astado siempre quiso rajarse al ver que no hubo entendimiento entre los dos. O sacabas faena en las dos primeras tandas o nada; y nos quedamos con la segunda respuesta.
Alejandro Chicharro, con mucha firmeza y determinación, comenzó su faena de muleta.
Pernocto fue el tercero de la tarde. Tuvo nobleza, calidad y permitió ver las buenas maneras de este novillero.
El toro, dentro de sus virtudes, fue muy parado: de pronto se frenaba, con peligro. Por el izquierdo, Chicharro, con mucho empaque y torería, acompasado y deletreando los naturales.
Por el derecho también logró buenos pasajes, cadencia, ritmo y son. Gustó su manera de interpretar el toreo. Hizo lo correcto con solvencia y técnica.
En tanto, al animal le costaba un mundo arrancar en el primer cite, pero después repetía con codicia.
Alejandro Chicharro, temple, ajuste y colocación a partes iguales. Qué grande puede llegar a ser este niño si los toros lo respetan.
SIN MÁS QUE MOSTRAR
Lalo de María salió para saludar al cuarto, un novillo al que no pudo sujetar y con el que no logró estirarse. Salió del caballo muy mermado, perdiendo las manos.
El presidente sacó el pañuelo verde y salió el segundo sobrero, un novillo de Torrehandilla, uno suelto que se paró en los terrenos del tendido siete y tuvo que ir Lalo de María para saludarlo allá.
Alternó pases por alto y por abajo, primero genuflexo y después levantándole la mano en el inicio de faena.
Lo sacó del tercio y se dispuso sobre el pitón derecho, con un toque delantero y un toreo muy en línea al que poco a poco se fue echando a la cadera.
Apenas terminó aquella primera tanda, empezó a llevarlo al natural, encontrando una embestida descompuesta e incierta en la que le soltaba la cara.
Por ese pitón no hubo más que mostrar, así que montó la franela sobre el derecho, tocándole prácticamente en la cara para meterlo, pero ya no pasaba, estando muy agarrado al piso y moviéndose con aquella embestida destartalada.
EL CHISPEANTE CIERRAPLAZA
Pepe Luis Cirugeda se fue a la puerta de chiqueros para saludar a portagayola al segundo de su lote; después lo volvió a meter en el capote con una larga cambiada de rodillas.
Logró encelarlo y templarlo en el capote. Saludaron una importante ovación David Adalid y Rafi Goria.
Se alcanzaba la faena de muleta con un tanteo breve en el que lo desarmó. Se puso sobre el pitón derecho, sin terminar de hacerse con él, teniendo que medir mucho la altura y las distancias.
Se le quedaba encima en las salidas, porque la entrada al cite era tardía. El animal no colaboraba en nada, se movía a base de arreones defensivos y medias arrancas, echándole la cara arriba. Tuvo que ir por la espada y pasaportarlo.
Salió con chispa el cierraplaza, al que Chicharro bregó y llevó hasta estirarse. Empezó a pies juntos, pasándolo por ambos pitones, muy despacio, para después desarrollar una tanda por el derecho en la que logró asentarse.
Aquel inicio fue el más aplaudido de toda la tarde. Decidió mostrarlo, tras aquella primera tanda, al natural, un pitón por el que toleraba más bien poco.
Sin embargo, a base de despaciosidad, suavidad y mucha verdad logró sacar contenido de un pitón del que nadie se esperaba nada.
Poco a poco se fue aproximando a tablas con un novillo al que había que mimar y al que no se le podía bajar la mano, teniendo que dosificar, llevándolo en tandas cortas.
Decidió no alargar más una faena en la que se encontraba en el punto más alto; sin embargo, la espada empañó aquella gran labor.
EXPECTATIVA
Abrió plaza el novillero Lalo de María, ante unas gradas repletas de gente que, entusiasmada, esperaba una gran jornada.
El torero, por su parte, intentó responder a ello con unos muletazos limpios, pero el novillo no tuvo ese punto de transmisión que se necesitaba.
FOTOS: MANOLO BRIONES












