ZACATECAS. Este jueves el dolor inundó la capital del estado, Malpaso, la Colonia Felipe Ángeles y el rancho La Barranca, en Villanueva, lugares donde fueron velados los cuerpos de los seis jóvenes asesinados en las cercanías de la comunidad La Soledad, y localizados el miércoles pasado.
Nada preparó a los padres para este momento, en la capital del estado los cuerpos de Jorge Alberto y Héctor Alejandro, reposaban dentro de blancos féretros con su nombre al pie de cada uno de éstos.
La madre de Jorge, con el cuerpo apoyado en el féretro, tarareaba una canción cortada entre sollozos, mientras una joven de 15 años le abrazaba y las lágrimas le corrían por las mejillas silenciosamente.
La madre del otro joven de 17 años, de pie, a un costado con las manos entrelazadas y las lágrimas bajo los ojos recibía a cada uno de los dolientes que buscaban con un abrazo y palabras de aliento darle algún consuelo.
Pepe, padre de Jorge, en la puerta de la funeraria contenía el llanto y agradecía la llegada de varios amigos y familiares al lugar “quería venir más gente desde Malpaso, pero había muchos niños y no teníamos camiones para que llegaran.
Ambos jóvenes fueron trasladados al panteón Jardines del Recuerdo, ubicado a espaldas del Campus UAZ Siglo 21.
Los despiden en Malpaso
Las calles de la comunidad estaban desiertas, algo ya común en este lugar por el temor a la violencia, en la capilla del pueblo los cuerpos de Óscar Ernesto y de Diego reposaron en féretros de color caoba, con sus fotos a los pies de cada uno.
El llanto y los rezos se confundían en una sola voz, la madre de uno de los jóvenes trataba de superar el tener que darle el último adiós a su hijo, el llanto incontenible volvía con cada abrazo y palabras de condolencia que recibía.
Junto a él, su compañero de juego Oscar, también recibía el cariño de su madre con caricias al féretro, de pronto ella abandonaba el lugar, tomaba asiento y las lágrimas corrían por su rostro, otras mujeres a su alrededor brindaban consuelo con un abrazo y palabras susurradas al oído.
Los rezos eran un cuchicheo lleno de tristeza. Ambos jóvenes fueron llevados a la capilla del pueblo para la misa de cuerpo presente y posteriormente, seguidos por los habitantes del lugar, llevados al panteón de la comunidad donde las coronas de flores quedaron como mudos testigos de la tragedia.
Triste adiós
A unos kilómetros de Malpaso, Villanueva, en la comunidad Colonia Felipe Ángeles, las calles lucen desiertas, el silencio anuncia el dolor de un pueblo que perdió a un niño de 14 años, Jesús Manuel.
Desde un par de calles los cantos fúnebres indican el camino hasta la capilla local. Decenas de hombres y mujeres, de pie algunos y otros sentados alrededor del féretro del niño “quien adoraba su motocicleta” cantan una y otra vez los ruegos por la salvación de su alma y el alivio para su madre.
Niños, jóvenes y adultos sostienen globos azules y blancos en el que escriben sentidos mensajes al niño a quien le arrebataron la vida.
Entre los mensajes destaca el que una niña de 10 y en el que se lee: “te extraño hermanito TKM. Pronto nos veremos y vamos a estar juntos”.
Mientras la madre del niño recorre una y otra vez la sala de velación, en cada abrazo, en cada condolencia repite: “era mi único hijo, era mi vida”. Detrás de ella, su hermana repite una y otra vez: “ahora solo lo que queremos es justicia, que nos lo regresen vivo”.
Así, con la moto cubierta de globos, mensajes de amor, una comunidad llora el asesinato de Jesús Manuel y le dan el último adiós.
La Barranca
A no más de cinco kilómetros, el cuerpo de Gumaro es velado en su domicilio, en un rancho conocido como La Barranca, hay quienes viven en este lugar al que solo es posible acceder por un camino de terracería, yace el joven en un cuarto pequeño, oscuro y con un techo sostenido por vigas de madera.
La luz amarillenta del oscuro cuarto deja ver a media docena de mujeres que sostienen rosarios en sus manos mientras rezan, la madre toma asiento junto al féretro sin dejar de verlo, a la cabeza una corona de flores con un listón blanco sobre el que se lee: “Nunca te olvidaré flaquito”.
Fuera del cuarto donde es velado el joven, un grupo de personas está reunido bajo un pirul, aguardan en silencio. La madre abandona los rezos, sale al sol, con voz entrecortada lo único que pide es justica para su hijo.
El padre prefirió retirarse a descansar y recuperar fuerza para llevar a sepultar a su hijo en el panteón de Malpaso y darle la última despedida.
FOTOS: JESSE MIRELES






