No existe nada más liberador de la aterrada alma, sobre todo en estos años de muchos balazos y más ideológicos bandazos, que revisar los diarios y leer declaraciones cada día más aterradoras que la figura grotesca de Loret de Mola o la de la intelectual Lily Téllez. Y si de leer se trata, me quedo con Carlos Monsiváis y Efraín Huerta (mi dilecto y comunista poeta). Cada quien que escoja al que quiera, total, algunos piensan que Lencho Córdova es demócrata y que Edmundo Jacobo Molina puede trabajar gratis en el INE y ni quien diga algo (uyyyy qué miedo).
Pues a pesar de lo que se diga en contrario, la semana que terminó estuvo movida. A nivel nacional lo que más conmovió no fueron las quejas de Monreal sobre la falta de piso parejo en la carrera presidencial interna de Morena, sino el fallecimiento de Xavier López (a) Chabelo. Así es, el señor Chabelo sin haber aportado nada de nada al séptimo arte y quien se convirtió en chiste nacional, por su presunta longevidad, fue recordado por muchas personas sin faltar -of course- los miembros de la clase política nacional (que se cuelgan de todo para aprovechar el momento). En Morena se prepara un homenaje entre las corcholatas, poniendo en práctica la vieja CATAFIXIA. Sí. Algunos van a catafixiar sus aspiraciones por algún hueso de perro para cuates y familia y así por el estilo.
Y mientras la izquierda consecuente del rancho se pelea a morir contra el caciquismo, la pobreza y la marginación, aprovecha algún momento de respiro republicano para hacer una pachanguita familiar entre la tierra y los bravos chuchos, o bien se va de viaje a algún rinconcito del imperialismo (total una cosa es la ideología y otra muy diferente el ahorro familiar proveniente del trabajo honesto, porque se puede ser comunista y millonario), nuestros diputados nomás no dan una los pobres. Las reformas progresistas pueden esperar (la del aborto, por ejemplo), porque el señor obispo, con la fuerza que le da la representación más alta del universo y con acordeón por delante, puso a bailar el taconazo a los legisladores.
De si lo invitaron o se auto invitó, eso es otro cantar. Él y los representantes de las distintas iglesias del rancho, perdón, parece que nada más lo invitaron a él, las minorías confesionales no existen para los legisladores de izquierda. La iglesia católica, apostólica y remona y sus acólitos, representante de los sectores más conservadores y atrasados del rancho, tomaron las instalaciones de la legislatura para que no sesionaran y discutieran el proyecto relativo al aborto. Los legisladores señalaron muy acongojados que primero deben ir a confesar sus pecados, escuchar a todas las voces y luego decir que no se autoriza el aborto, aunque la conservadora Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) haya interpretado lo contrario.
Total, que en el rancho todo sigue igual. Pero, ¿la neta, esperaban que las cosas fueran diferentes con este gobierno primitivo, patriarcal, tamaño familiar? Los cuatro poderes siguen igual que en el siglo XVIII, (cuando digo cuatro poderes me refiero al Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Eclesiástico, mis cuates). Les vale un cacahuate el ascenso del movimiento feminista y sus legítimas aspiraciones, les falta Chabelo para decirles que el papá es el rey de la casa y la mamá la reina (reina pero no gobierna) y los cuates los siervos de la gleba. Les falta Chabelo para humillar a papá Pepe, quien afanosamente aguanta madrazos antes de caer a un balde de agua, todo por una recámara de Muebles Troncoso. Les falta Chabelo para seguir reproduciendo la familia autoritaria ¡Cuánta falta les hace Chabelo! Por eso le lloran (por ahora) mientras fabrican a algún mamón que lo sustituya (Escamilla, Derbez, etc.). Por cierto, la película de Estrada (Qué Viva México), un fiasco en todos los sentidos, con un discurso que jamás se acerca a una crítica seria del régimen, solo fobia para satisfacer a los alienados conservadores. Neta, si quiere verla mejor cómprela en el Metro, gastar para ir al cine a ver este bodrio no es republicano.
