ZACATECAS. El Panteón Herrera se llenó de música y colores durante la celebración del Día de Muertos, a la cual se dieron cita familias zacatecanas para demostrar el amor que mantienen vivo hacia sus seres queridos que ya no se encuentran en este plano terrenal.
Desde temprana hora, el olor de la flor de cempasúchil invadió los alrededores del camposanto, donde familias completas se organizaron para limpiar las lápidas, lavarlas, pintarlas o incluso decorarlas con motivos alusivos a la tradición mexicana.
Esta costumbre es preservada por las familias entre el 1 y 2 de noviembre de cada año, como una forma de mantener cerca y convivir con el recuerdo de quienes ya no están.
LOS RECUERDOS NO MUEREN
Entre los asistentes, Valeria Adame relató que cada año visita el panteón durante el Día de Muertos, especialmente para recordar a su padre, a quien perdió durante la pandemia por la COVID 19, “para tenerlo presente en nuestro recuerdo”.
Al respecto, compartió que no volver a reencontrarse con su padre fue complicado, ya que “fue una etapa donde no pudimos despedirnos de él, ya no lo volvimos a ver después de la pandemia”.
Este fin de semana también acudió al camposanto Hanna Moya Espinoza, quien explicó que asiste para recordar a su hermano, que falleció hace ocho años.
Desde entonces, mencionó, ella y su familia acuden para mantener viva esta tradición. “Venimos a adornarle, más que nada para que los que vengan a visitarlo no lo encuentren tan solito y abandonado”, reconoció.
JUNTOS RUMBO AL REENCUENTRO
Herlinda Esparza Coronado también acudió al cementerio en compañía de su nieta para visitar a su “adorado” esposo y recordar a otros familiares, como su padre, madrastra y tres hermanos, en este Día de Todos los Santos.
“Sentimos muy bonito al venir, se nos figura que nos están viendo. Venimos para recordarlos, a ponerles sus tumbas bonitas, a sentir de alguna manera un consuelo”, relató.
Igualmente, Juan Antonio Márquez Aguilar llega cada año junto con sus dos hermanos al camposanto, una tradición que, resaltó, les inculcaron sus abuelos cada noviembre.
“Nuestros abuelitos nos pusieron la muestra para venir a ver a nuestros muertitos y traerles una pequeña rosita con miles de sacrificios”, mencionó.
De esta manera, durante la festividad el Panteón Herrera se convirtió en un punto de encuentro para cientos de familias que encontraron consuelo al compartir una tradición tan especial para los mexicanos.























