La Declaración de Caracas, un paradigma de Derechos Humanos en la atención a la salud mental
Hablar de Derechos Humanos implica reconocer que la dignidad, la libertad y la igualdad corresponden a todas las personas, sin distinción alguna. Sin embargo, existen grupos que históricamente han enfrentado mayores obstáculos para ejercer plenamente sus derechos.
Entre ellos se encuentran las personas con problemas de salud mental, quienes durante décadas fueron objeto de estigmatización, discriminación, aislamiento y prácticas institucionales que, en muchas ocasiones, vulneraron sus derechos fundamentales, en este contexto adquiere especial relevancia la Declaración de Caracas, adoptada el 14 de noviembre de 1990 durante la Conferencia Regional para la Reestructuración de la Atención Psiquiátrica en América Latina, convocada por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud, este instrumento representó un punto de inflexión en la manera de comprender la atención psiquiátrica y estableció una relación fundamental entre salud mental, Derechos Humanos y atención comunitaria.
Más de tres décadas después, sus principios continúan siendo relevantes, particularmente frente al desafío de construir sistemas de salud mental centrados en la persona, respetuosos de su autonomía y capaces de garantizar su inclusión efectiva en la comunidad puesto que antes de la Declaración de Caracas, el modelo predominante de atención psiquiátrica en numerosos países de América Latina se encontraba fuertemente vinculado con instituciones hospitalarias especializadas, la hospitalización prolongada y la separación de las personas de su entorno familiar y comunitario constituían prácticas frecuentes.
La Declaración cuestionó precisamente este modelo. Consideró que el hospital psiquiátrico, cuando constituye la única modalidad de atención, puede aislar a la persona de su medio natural, generar mayor discapacidad social y crear condiciones que ponen en riesgo sus derechos humanos y civiles. Por ello, Caracas significó algo más que una propuesta de reorganización administrativa de los servicios de salud: representó un cambio de paradigma. La persona dejó de ser concebida exclusivamente desde la perspectiva de la enfermedad para ser reconocida como sujeto de derechos y precisamente uno de los principales aportes de la Declaración de Caracas consiste en haber establecido una conexión directa entre la atención psiquiátrica y la protección de los derechos humanos.
La atención en salud mental no puede reducirse a la prestación de servicios médicos. Cada tratamiento debe desarrollarse respetando la dignidad de la persona y sus derechos civiles y humanos. Esto supone reconocer que una persona que enfrenta una condición de salud mental continúa siendo titular de todos los derechos inherentes a su condición humana.
Entre estos derechos se encuentran, entre otros, el derecho a la dignidad, a la igualdad y no discriminación, a la integridad personal, a la libertad, a la privacidad.
El verdadero desafío contemporáneo consiste en pasar de la declaración a la realidad; de los modelos de sustitución a los modelos de apoyo; del aislamiento a la inclusión; del estigma a la dignidad; y de una atención centrada exclusivamente en la enfermedad a una atención centrada en la persona y sus derechos humanos.
TODOS LOS DERECHOS PARA TODAS LAS PERSONAS.
*Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Zacatecas (CDHEZ)
