Pantallas y horizontes: 5 años explorando el pulso de la tecnología
Hace cinco años, el 28 de septiembre de 2021 para ser exacta, publiqué mi primera colaboración en El Diario NTR, a quien agradezco la oportunidad de abrir éste Tu Espacio Digital, donde hemos hablado semana tras semana de la tecnología, las redes sociales y la Inteligencia Artificial, desde distintas perspectivas, dimensiones y dilemas, siempre con esa taza de café como aliada.
En aquel entonces, el mundo intentaba reconfigurarse tras el impacto de la pandemia, y en esas primeras líneas ponía sobre la mesa el cómo las redes sociales y las aplicaciones digitales se habían convertido en el puente indispensable para preservar los vínculos humanos en medio del aislamiento, la soledad, la ansiedad, el temor a los contagios y, sobre todo, a la pérdida de quienes amamos.
Rescataba ante todo la solidaridad que se hizo notar en momentos tan aciagos como los que vivimos y subrayaba que ninguna tecnología suple la presencia física —lo sigo sosteniendo— pero que se habían vuelto aliadas vitales de nuestra afectividad en ese contexto.
Mirar atrás y recorrer las páginas de este espacio a lo largo de estos cinco años es atestiguar una metamorfosis acelerada.
De los primeros esfuerzos por mantenernos conectados a través de una pantalla, transitamos rápidamente hacia la promesa del Big Data y los universos inmersivos del Metaverso.
A lo largo de este lustro, las páginas de este espacio han sido trinchera de un debate constante: exploramos el amor y las relaciones en la era digital, analizando desde las aplicaciones de citas hasta la dolorosa frialdad del ghosting y el abandono de vínculos a un solo clic; visibilizamos los enormes retos de inclusión, vimos cómo las carreras STEM y los empleos tecnológicos aún arrastran profundas brechas de género que debemos cerrar con urgencia.
Asimismo, detuvimos la mirada en la evolución de la realidad virtual y aumentada en la salud y la industria, en la irrupción de herramientas y aplicaciones de IA que transforman las aulas y la educación, así como en los grandes saltos científicos.
Sin embargo, la cara de la moneda digital también nos ha obligado a denunciar los oscuros laberintos de la violencia cibernética y la vulneración de la intimidad, así como a transitar del análisis del gobierno digital hacia los desafíos del gobierno inteligente.
En los años siguientes exploramos las aplicaciones prácticas de la realidad virtual y aumentada en la salud y la industria, hasta llegar a la vertiginosa irrupción de la IA y la robótica en casi todos los campos de nuestra vida cotidiana.
Ha quedado por demás demostrado que la tecnología no solo ha penetrado en el mundo del entretenimiento o la productividad.
Recientemente, como lo abordamos en entregas pasadas al hablar de cuidados paliativos y teleasistencia, hemos tenido que adentrarnos en su faceta más profunda y ética: cómo la tecnología acompaña la vulnerabilidad humana, la salud y los momentos más complejos de la vida, lidiando también con la consecuencia menos aceptada: el agotamiento digital y la fatiga cognitiva que nos deja la hiperconectividad, sí, esa a la que cada vez nos resulta más difícil renunciar por el miedo a perdernos de algo (FOMO).
En diversas colaboraciones hemos enfatizado acerca de los riesgos, desafíos y dilemas en medio de los cuales se ha visto inmerso el desarrollo tecnológico, principalmente en materia de privacidad, revisando marcos legales y derechos de los usuarios tanto a escala global como nacional.
Hoy, al cumplir media década —¡cuán largo se lee!— de escribir cada martes sobre tecnología, redes sociales e IA, la pregunta central ha madurado, tal y como lo hemos hecho nosotros.
Ya no se trata solo de saber si la tecnología nos conecta, sino de exigir que su avance esté guiado por la dignidad, la ética y la sensibilidad humana, características que hasta hoy, son exclusivas de las personas.
Ahora más que nunca, estamos conscientes de que la técnica seguirá evolucionando a un ritmo vertiginoso, quizá aún más intenso de como lo ha hecho hasta ahora, incorporándose en diversos campos y actividades de los cuales aún no somos del todo conocedores, pero la necesidad de mantener el sentido crítico y la cercanía humana sigue siendo nuestra tarea central.
Gracias de corazón a quienes han caminado conmigo a lo largo de estos cinco años de reflexiones.
Con la misma curiosidad y el mismo compromiso del primer día, hoy abrimos otro capítulo que detona como siempre, una nueva interrogante:
¿Estamos utilizando la tecnología para enriquecer nuestra humanidad o estamos permitiendo que ella nos redefina?
Cuéntame tu opinión.
Nos leemos pronto.
