MADRID. «No siento miedo, pero, pues, no siento seguridad tampoco, ni una cosa ni la otra», resumió José Ignacio, un usuario habitual del tren entre Madrid y Salamanca, en declaraciones a la cadena COPE, un día después de la colisión ferroviaria en Urda, Toledo, que dejó 74 muertos, según un informe preliminar de la autoridad investigadora española.
La repetición de siniestros, los retrasos y las averías han comenzado a cambiar la percepción de los usuarios sobre un medio de transporte que tradicionalmente consideraban rápido y seguro. Algunos pasajeros reconocen que viajan con desconfianza, mientras otros han optado por dejar el tren y buscar alternativas, pese al mayor costo que pueden representar.
El accidente en Toledo se suma a otros tres siniestros ferroviarios en España este 2026: el 18 de enero, un tren de Iryo descarriló cerca de Adamuz y chocó contra uno de Renfe, con saldo de 46 muertos; dos días después, el desplome de un muro sobre las vías provocó un accidente de cercanías cerca de Gelida, Barcelona, que dejó un fallecido y 41 heridos; y el 12 de febrero, un tren que viajaba de Madrid a Badajoz embistió un automóvil en un paso a nivel cerca de Talavera de la Reina, Toledo, y murió el conductor.
«Cuando ves que no es un accidente puntual y hay bastantes, empiezas a desconfiar», dijo Tomás, otro viajero entrevistado por COPE, al explicar cómo los accidentes recientes han afectado su confianza en el servicio.
En la ruta Madrid-Salamanca, Tomás también señaló las vibraciones que experimenta en algunos tramos.
«Hay tramos que se mueve una barbaridad», relató, una situación que, según explicó, lo lleva a pensar «a ver si va a pasar algo».
La inquietud se suma a las quejas por la puntualidad. Sergio González, quien dejó de viajar en tren tras sufrir un retraso de casi una hora durante un desplazamiento de trabajo, decidió utilizar su automóvil para trasladarse a Madrid.
«No tenía sentido arriesgarme a perder esa entrada de un evento que había pagado, que había sido cara, porque el tren no llegara», explicó a COPE.
Ahora, después de los accidentes, considera que el servicio también representa un riesgo para los pasajeros. «Encima es inseguro porque puedes no contarlo», afirmó.
En 2010, la alta velocidad ferroviaria española presumía de cifras que la colocaban como referente internacional. «El AVE español es el más rápido del mundo», tituló RTVE el 9 de noviembre de ese año, al informar que los trenes de Renfe circulaban a una velocidad comercial media de 222 kilómetros por hora y alcanzaban una puntualidad de 98.54 por ciento, sólo por debajo de Japón.
Menos pasajeros y silencio en Atocha
El temor se reflejó el jueves en la estación de Atocha, en Madrid, con un ambiente inusualmente silencioso, con pocos pasajeros y vagones semivacíos, un día después del accidente ferroviario de Urda.
A las 7:30 horas, la estación había cambiado su bullicio habitual por una calma que contrastaba con su condición de uno de los principales intercambiadores ferroviarios de España. A las obras y los problemas en la red de Cercanías se sumaban las cancelaciones de servicios, incluidas las relacionadas con una huelga en Renfe.
En los paneles informativos destacaban la cancelación de la línea hacia Andalucía y el aviso «Atención a familiares», dirigido a quienes buscaban información sobre las víctimas del accidente.
Un tren de alta velocidad rumbo a Barcelona tuvo por la mañana una ocupación estimada de apenas 35 por ciento, cuando suele ser una de las rutas más demandadas. Algunos pasajeros que sí abordaron el servicio intercambiaron comentarios sobre la tragedia y cuestionaron las condiciones de la red ferroviaria.
«Tenía que ir sí o sí hoy de viaje…», comentó una pasajera a su compañera de asiento, según El Mundo.
Una nueva avería agrava la incertidumbre
La preocupación coincidió el jueves con nuevas afectaciones en la red.
Una catenaria averiada entre Valdemoro y Villarrubia de Santiago interrumpió parcialmente la circulación en la línea de alta velocidad entre Madrid y Valencia, Alicante y Murcia, con repercusiones para servicios de Renfe, Iryo y Ouigo.
El tren Ouigo 06775, que cubría el recorrido Murcia-Madrid-Valladolid, quedó detenido en el túnel de El Regajal, en las inmediaciones de Aranjuez y Ontígola, después de «sufrir un enganchón» con la catenaria.
A bordo viajaban 454 pasajeros. La compañía informó que no hubo daños personales y anunció el envío de otro tren para realizar el transbordo hacia Madrid-Chamartín. Los pasajeros que continuaban hacia Segovia y Valladolid completarían el recorrido en autobús.
La incidencia también afectó a otros seis servicios ferroviarios. Entre ellos, dos trenes Iryo con destino a Valencia registraban retrasos previstos de 84 y 68 minutos, respectivamente, según los paneles de Adif consultados a las 12:04 horas.
La nueva avería alimentó las dudas sobre la fiabilidad del servicio.
«En la lotería de coger un tren en España hoy nos hemos quedado tirados a medio viaje por una catenaria rota más adelante…», denunció el usuario Carlos Santana en la red social X.
