El silencio no protege, la valentía sí
Portarse bien hoy en día va mucho más allá de obedecer; significa ser una buena persona, actuar con responsabilidad y respetar las reglas que nos dan nuestros papás. Por ejemplo, sabemos que el internet es una herramienta muy útil para buscar tareas, escuchar música o entretenernos. Sin embargo, debemos usarlo de manera adecuada: respetando los tiempos indicados para el celular y los videojuegos, utilizando únicamente las aplicaciones permitidas y entendiendo los riesgos para cuidarme a mí y a mis amigos cuando lo necesiten.
En este camino, sé que no estamos solos, ya que existen normas y leyes diseñadas específicamente para protegernos a las niñas y a los niños. Como en internet corremos el peligro de que alguien intente robar nuestra información personal o hacernos daño, estas leyes son fundamentales porque evitan que personas extrañas o desconocidas se aprovechen de nuestros datos. De igual manera, las restricciones de edad en las plataformas existen precisamente para cuidarnos. Por esta razón, debemos obedecer cuando una página nos advierte que su contenido es sensible, violento o no apto para nuestra edad. La regla de oro es clara: nunca entrar a sitios dudosos y navegar siempre bajo la supervisión de nuestros padres.
Para mí, una “bandera roja” o red flag es justo eso: un aviso de que algo no está bien y debemos alejarnos. Son situaciones extrañas, como cuando alguien en un juego te pregunta cosas muy personales -tu edad, dónde vives o si estás solo en casa-, te pide fotos o te insiste en hablar por un chat privado. Por eso, nunca debo compartir mi información personal, datos de mi escuela o imágenes con desconocidos. Si alguien cruza esa línea, identifico inmediatamente la alerta y voy a avisarle a un adulto de confianza, como a mi mamá, mis tíos o mis abuelos.
Afortunadamente, nuestros papás son nuestros mejores aliados. Ellos pueden revisar que un juego o aplicación sea seguro, además de ayudarnos a verificar que no aceptemos a extraños ni entremos a contenidos que nos pongan en riesgo.
Pero el cuidado digital también implica cómo tratamos a los demás. El respeto es la base de la convivencia, tanto en la vida real como en las pantallas; por el contrario, hacer ciberbullying daña profundamente a nuestros amigos y destruye la armonía de la comunidad.
Por todo esto, si detectamos una red flag o algo que nos hace sentir incómodos, nunca debemos guardarlo en secreto, ya que el silencio solo beneficia a quienes quieren hacernos daño. Contarle las cosas a nuestros papás o maestros no es malo, al contrario: es un acto de valentía que nos protege a nosotros mismos y a quienes nos rodean.
Finalmente, como “Ciber-Guardiana”, mi misión será compartir todo esto con mis amigos. Quiero informarles sobre cómo mantenerse seguros, difundir mensajes mediante carteles, videos o folletos, y enseñarles a identificar banderas rojas para ser personas honestas y responsables en la red, siempre con el valioso apoyo de nuestros maestros y papás.
*Alumna de la Escuela Primaria Ramón López Velarde, 5º grado
