VILLANUEVA. Fe, muestras de agradecimiento y devoción marcaron la celebración de San Judas Tadeo, que cada año reúne a miles de peregrinos en el pueblo mágico de Villanueva. En esta ocasión, las bajas temperaturas y el hecho de que la fecha cayera entre semana propiciaron una menor afluencia en comparación con años anteriores.
Durante la mañana, luego de la lluvia, la neblina cubría la carretera federal 54, que, como cada año, volvió a convertirse en una ruta de fe para cientos de peregrinos. Algunos caminaban a paso lento y otros avanzaban en bicicleta, con lámparas y chalecos reflejantes, todos guiados por la convicción de llegar al santuario para agradecer o encomendarse al patrono de las causas imposibles.
Entre ellos iban Luis Villagrana y su hermana, quienes, movidos por la fe, llevan más de 10 años caminando ininterrumpidamente cada 28 de octubre desde la capital zacatecana para agradecer a San Judas Tadeo por la salud de su familia.
Esa misma devoción lleva a hombres, mujeres y familias enteras a peregrinar desde Fresnillo, Calera, Jerez y otros municipios para venerar al santo. Sin embargo, de acuerdo con autoridades de Seguridad Pública, la mayor afluencia de peregrinos se registró durante el pasado fin de semana.
Entre los peregrinos también iba Deni, un joven de 17 años, originario de Guadalupe. Con una figura de San Judas Tadeo entre los brazos, relató que desde hace una década realiza la caminata desde Zacatecas para agradecer por su salud y sus estudios.
Solidaridad en el camino
En la carretera de acceso al Pueblo Mágico, otra muestra de fe y solidaridad se hizo presente. Decenas de familias villanovenses instalaron puestos para ofrecer a los peregrinos agua, café, chocolate caliente, pan y hasta platillos de comida.
A no más de 500 metros de la glorieta de Antonio Aguilar, doña Trini y su familia mantienen viva una noble tradición: ofrecer comida caliente, preparada, dice, con mucho amor y con el apoyo de vecinos y amigos.
Frente a las ollas con guisos de yesca, mole, asado, papas con chile, frijoles molidos y otros platillos, María Trinidad Soriano cuenta que desde 2010 reparte esta reliquia, gracias al apoyo económico y la organización de numerosas personas allegadas.
A pesar del cansancio acumulado durante horas de preparación, doña Trini seguía sirviendo los platos y repartiendo café, chocolate caliente, pan y fruta. Para ella, el esfuerzo tiene una recompensa: “el gusto de alimentar a los peregrinos”.
A estas muestras de solidaridad con los peregrinos decidió sumarse José Ramón de Loera, quien, agradecido por haber recuperado su salud, instaló un puesto de hidratación junto con su esposa y su suegra, donde repartió botellas de agua, café caliente, pan y analgésicos a quienes llegaban con los pies cansados y adoloridos después de una extenuante caminata.
En febrero de este año tuvo que someterse a cirugía de espalda, pero el procedimiento dependía de su posibilidad de seguir caminando, por lo que encomendó su salud al santo de las causas imposibles y, asegura, todo salió bien.
Hoy, José Ramón dice que puede caminar gracias a San Judas Tadeo y que, en agradecimiento por el favor recibido, a partir de este año instalará un puesto de apoyo para los peregrinos.
Devoción entre danzas y música
Luego de caminar toda la noche, Luis llegó al templo aproximadamente a las 8:30 horas para dar gracias y participar, como otros devotos, en la celebración religiosa, donde se mezclan la fe, las plegarias, la música y la danza.
En una esquina del atrio, los mariachis entonaban alabanzas y melodías dedicadas al «cumpleañero», mientras que, en la puerta principal del santuario, los danzantes expresaban su devoción, súplicas y agradecimiento a través de sus bailes.
En el otro extremo del atrio aguardaban los integrantes de la Banda Renovación de San Miguel, Zacatecas, quienes, en punto de las 9 de la mañana, ingresaron al templo mientras interpretaban Las Mañanitas.
Los músicos acudieron por primera vez como agrupación, contratados por una familia; sin embargo, afirmaron que, de manera individual, no hay año en que falten a la celebración.
Dentro del templo se escuchaban alabanzas y rezos, mientras las veladoras iluminaban y los fieles susurraban agradecimientos y súplicas a San Judas Tadeo. Afuera, entre música, danzas y muestras de solidaridad, el fervor religioso también se transformaba en fiesta.










